lunes, 22 de marzo de 2010

Diálogos para besugos

No sé por qué el otro día me acordé de una lectura de infancia con la que me reía mucho. Se trata de los Diálogos para besugos (a saber qué estaría escuchando para que me vinieran a la mente) que se publicaban en la revista Mortadelo a principios de los 80. Bien es cierto que me pillaron muy, muy joven, pero como esos Mortadelos se eternizaron en quioscos y tiendas de todo tipo, ya con algunas años más los pude disfrutar en todo su esplendor. Y no, no han pasado de moda. Muy al revés, son de una intensa actualidad a tenor de las circunstancias que nos rodean, ejemplificando el absurdo que predomina en la mayoría de lo que en los medios de comunicación podemos escuchar en boca de políticos, deportistas y famosillos de tres al cuarto (sin menospreciar las que se pueden oír por la calle, sobre todo por parte de los más jóvenes y en especial esa franja entre los 13 y los 20 años).

El creador de estos diálogos fue Armando Matías Guiu (1925-2004),
escritor multidisciplinar que abordó todo tipo de textos, desde periodísticos hasta guiones de cine, pasando por obras de teatro y creaciones humorísticas como éstas que nos ocupan. En la línea de los geniales Mihura, Jardiel o Tip y Coll, sus contribuciones al semanal de Bruguera constituyen un monumento al humor en español. Estaban destinados a un público infantil y juvenil, pero eso no les hace menos geniales, sobre todo teniendo en cuenta que se trataba de jóvenes “de los de antes”, es decir, que sabían leer y disfrutaban con ello (era una revista de cómic, un tebeo semanal, por lo que quien se acercaba a ella eran iniciados en la lectura como entretenimiento). Os recomiendo leerlos en voz alta por ridículo que parezca, porque al igual que ocurre con cierta poesía, si queremos sacarle todo el partido debemos degustarla de esta forma, de lo contrario seguirán siendo geniales, pero quizá no tanto (bueno, en voz alta pero si puede ser solos, o en su defecto en voz bajiiiiiita, que tampoco es cuestión de que nos pongan una camisa de fuerza).


Redundando en su validez como reflejo de la realidad, transcribo las palabras del autor en el libro que en 1989 recopilaba gran parte de estos diálogos:
La política es, a veces, como un “diálogo para besugos”. Nadie dice lo que piensa; Algunos, no piensan lo que dicen; aquellos, piensan y no dicen; éstos, nadie sabe lo que piensan; de los de más allá una piensa que piensan, pero ellos no piensan que uno piensa
En mi soledad mental pienso que el pienso es el mejor pensamiento. Mientras haya pienso, aunque no se piense, se piensa en la paz.Por eso pienso que es mejor el pienso que el ¿qué pienso? Pero, pensar mucho da dolor de cabeza y mucho pienso da dolor de estómago. ¿serán los piensos malos pensamientos?
Duda: Quien dijo “pienso, luego existo”, ¿se refería al pienso alimentario o al pienso intelectual, que es un pienso que alimenta la inteligencia?
No sé que pensar. Estoy preocupado. Siempre que dialogo conmigo acabo hecho un besugo.


Transcribiré algunos de estos diálogos de vez en cuando, comenzando hoy. Ahí va un ejemplo de estos Diálogos para besugos, que siempre empezaban… así:
- Buenos días.
- Buenas tardes.
- ¿Cómo están ustedes?
- ¿Ustedes... refiriéndose a mí?
- A usted.
- Pues somos unos ustedes muy solitarios.
- ¿Están ustedes solos?
- Ustedes no sé como estarán, yo, que soy usted, estoy más solo que un chorizo de Cantimpalo.
- Un momento, está usted equivocado.
- ¿Están acompañados los chorizos de Cantimpalo?
- No lo sé. Usted ha dicho textualmente: "Yo, que soy usted". Y sin ánimo de interferir en su ego, que yo sepa usted es usted, pero jamás será yo.
- ¡Cómo que yo jamás seré yo!
- Yo, refiriéndome a usted, será yo, siempre que usted sea yo; pero yo, refiriéndome a usted, que soy mí, jamás será yo.
- O sea que yo debo de ser mí si no soy usted a pesar de ser yo. Pues yo no entiendo esto de usted ni de mí.
- Uno es uno siempre.
- Ahora llegan los unos. O sea que aquí estamos yo, que soy yo, usted, mí, usted que soy yo desde usted, yo que es usted desde usted, mí que debe ser un vecino musical y ahora para acabar de resolver los problemas llegan los unos. ¡El completo, vamos!
- No llegan los unos.
- Pues sí no son los unos serán los otros.
- Ni los unos ni los otros.
- O sea que llegan unos pero no llega nadie. ¡Que llegada más solitaria! ¿Les estaba usted esperando?
- Yo no espero a nadie.
- ¿También vendrá Nadie? ¡Jo! No vamos a caber tanta gente.
- Nadie no llega.
- Menos mal. Uno menos.
- Oiga, ¿sabe que usted es un complicado?
- ¿Yo? ¿Complicado yo? ¡Me llama complicado a mí, él que es siete u ocho personas a la vez!
- ¿Dice usted él refiriéndose a mí?
- ¡Ya vuelven los Mis! He dicho él refiriéndome a usted.
- De modo que yo para usted soy él.
- Perdone. Usted, para mí es usted y a veces usted es él.
- ¿Qué es él?
- Usted.
- ¿Y mí? ¿Dónde me deja usted a mí?
- Mí... Mi puedo ser yo desde mí. Usted no puede ser mí, desde yo.
- ¿Desde que yo?
- Desde yo-yo.
- Oiga, deje los juegos ahora que estamos en una conversación muiy seria. ¿A qué yo se refiere al decir yo-yo?
- Yo, soy yo. Usted es usted, pero como usted desde su yo es yo, y yo soy usted, para distinguirme de su yo me llamo yo-yo.
- ¿Usted se llama Yoyo? ¡Que divertido! Jamás conocí a nadie que se llamara Yoyo.
- ¡Dios! ¡Ya me ha bautizado de nuevo! Escuche, ¿usted sabe quién soy yo?
- Yoyo, ¿Yoyo Pérez, tal vez?
- Yo me llamo Agapito Martínez.
- Yo, no.
- ¿Usted no se llama Agapito Martínez?
- No, que va. Yo me llamo Fulgencio Pérez.
- ¿Usted no será pariente de Fulgencio Pérez?
- Mas que parientes, somos la misma persona.
- ¡Fulgencio, a mis brazos!
- ¿Me conoce?
- ¡Claro que le conozco! ¡Llevamos una hora hablando de de usted, de mí, de yo y de los unos! Cuente, cuente, ¿qué hace de mí?
- ¿Mí? ¿Mi a secas o Mi-mi?
- ¡Ha venido también Mimi! Ya estamos todos.
- Pues si están todos, me voy. Buenos días.
- Buenas tardes.

2 comentarios:

pedro dijo...

Muy bueno el diálogo de besugos. Me he reido mucho. Gracias

xisket dijo...

Qué grandes recuerdos tengo de los diálogos para besugos de los tebeos!!