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lunes, 4 de octubre de 2010

Amos que... (IX)

¡Cuánto tiempo sin curiosidades históricas! Dispongámonos pues a restañar tamaña afrenta al entretenimiento y al conocimiento histórico.

Antes de comenzar, reconocer el trabajo y, por tanto, recomendar dos páginas web de un alto interés para aquellos que gustamos de la historia en su aspecto más lúdico: historias de la historia y curistoria. No dejéis de visitarlas, ¿eh?

Aún continúan los ecos de la polémica (artificial y vilmente politizada) sobre la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Aunque ha quedado claro que ha sido una indecente maniobra nacionalista contra algo que ellos consideran “españolista” (ahora han declarado protegidos los “correbous”, mucho más denigrantes para los astados), y los defensores de los derechos animales se ha dejado manipular como corderitos, qué no harían o dirían si el actual monarca se comportase como Felipe IV (1605-1665). Aficionado a los toros, el Austria no dudaba en salir al ruedo cual maletilla cuando el matador de turno no lograba acabar con la vida del toro, enmendando él mismo tal situación… disparando al toro con un arcabuz, y ganándose, claro está pues era el rey, el aplauso del respetable.

Warren Austin, embajador de EEUU en la ONU, dijo en 1948 que la paz entre árabes y judíos llegaría si se comportaban “como buenos cristianos”. Ahí, echando más leña al fuego. Con consejos así, normal que aún sigan enzarzados.

Como sabemos sobre todo por el cine, en los tiempos de la ley seca en EEUU (1920-1933) la población se las ingeniaba para saltarse la prohibición, lo que dio lugar a un mercado negro y unas prácticas criminales que han dado mucho juego en el imaginario popular del siglo XX. Pues bien, una empresa norteamericana comercializaba un zumo en cuyo envase rezaba el siguiente texto: "Atención: el contenido de este paquete no debe ser puesto en una vasija de barro, mezclado con levadura y ocho litros de agua, porque se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación está prohibida".

Isaac Newton(1643-1727), cuyos descubrimientos de las leyes físicas que rigen (parte de) nuestro universo, fue también filósofo, teólogo e inventor. Incluso llegó a dedicarse a la política. Entre 1687 y 1690 fue miembro del Parlamento británico como representante de la Universidad de Cambridge. Pues bien, en esos tres años sólo pidió una vez la palabra, y fue para presentar la siguiente moción: “propongo cerrar la ventana, pues aquí hace un considerable frío”. Y después decimos que nuestros políticos no trabajan…

A todos nos sacan de quicio algunas pequeñas manías de los que tenemos alrededor. Si pudiéramos, seguro que poníamos remedio. Así lo hizo Armand-Jean du Plessis, el famoso Cardenal Richelieu (1585-1642), que ordenó que los cuchillos que se usaran en su mesa fuesen de punta redonda, para evitar que el canciller Pierre Seguier (1588-1672) los usara para sacarse los “paluego” de los dientes. ¡El mondadientes, ése gran invento!

Terminamos hoy con la muerte de Maximiliano I de Austria (1459-1519), abuelo de Carlos V, que falleció por una indigestión de melón y fue enterrado con el ataúd que siempre llevaba consigo “por si acaso”. Hombre previsor, vale por dos (o eso dicen, que para este caso, lo mismo daba, me parece a mí).
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viernes, 22 de enero de 2010

Amos que... (VIII)

Vamos con unas cuantas anécdotas históricas más.

Empezamos con este anuncio que una liga de mujeres a favor de la prohibición del alcohol en los EEUU publicaron en 1919 (recordemos que la Ley Seca finalmente se aprobó en 1920 en aquel país):


El cartel dice: “Labios que tocan licor no tocarán los nuestros”… ¿no será un anuncio de güiski usando la psicología inversa?"

(Venga, ahora las acusaciones de machismo de las mentes estrechas de siempre, como me pille la ministra de “igualdá”...)

Pues hala, como soy un “iscociente”, otra anécdota histórica de esas que a las feministas les pone el pelo como escarpias (cuando es un chascarrillo y no hay que darle más importancia, claro). Cuando murió Napoleón, se le notificó la noticia al rey de Inglaterra Jorge IV de la siguiente manera: “Majestad, vuestro peor enemigo ha muerto”. Al escuchar esto, el monarca exclamó: “¿Qué le ha pasado a mi mujer?”.

Vamos con otra de escenas de matrimonio. El confesor del rey de Francia Enrique IV censuraba de manera continua a éste sus aventuras amorosas fuera del matrimonio. El promiscuo monarca francés, harto de tal situación, decidió hacer algo: ordenó dar de cenar perdiz al clérigo todas las noches. Así, hasta que un día el confesor exclamó: “¿Siempre perdiz, majestad?”, a lo que el otro contestó: “¿Siempre reina, padre, siempre reina?”.

Y como estamos algo machistas, seguimos. Italia, siglo XV. Reunión de la flor y nata del pensamiento quattrocentista italiano. Por un lado, los florentinos: por otro, los venecianos. Tras tratar temas más serios (filosóficos, teológicos, políticos, artísticos…) terminaron, cómo no, hablando de “cosas de hombres”… aunque también es cierto que la discusión sobre si el tamaño importa es uno de los primeros y más importantes debates filosóficos de la humanidad. Que sí. En serio. Al menos yo estoy seguro de ello. Bueno, el caso es que el debate se encendió cuando se abordó el tamaño de los atributos de unos y otros. Mientras los venecianos se jactaban de tenerla más grande, los florentinos, por supuesto, lo negaban y se declaraban mejor y más “viriles”. Bien es cierto que todo teórico, nadie se la sacó para hacer una prueba empírica… (si esta discusión la hubiesen protagonizado Locke, Descartes, Hume y Leibniz, por poner un ejemplo, habría sido más divertida) Finalmente, el humanista florentino Poggio Braccolini tomó la palabra: “Evidentemente, los hombres mejor dotados son los venecianos…” Parecía que los de Florencia aceptaban su derrota, pero prosiguió: “…puesto que su miembro viril es de tales dimensiones que cubre enormes distancias… ¿Cómo se explicaría sino que, aún permaneciendo varios años lejos de su hogar a causa de sus prolongados viajes por mar, se encontraran a su regreso con que son padres de dos y hasta tres criaturas?”. Supongo que después de eso, esa reunión de insignes humanistas acabaría como el rosario de la aurora…

Para dar fin a este artículo tan “macho”, una “de cojones”. Ramón María Narváez, militar y político liberal del XIX, siete veces presidente entre 1844 y 1868, con fama de bruto y autoritario. En uno de los Consejos de Ministros que presidía, uno de ellos declaró que antes se cortaba la mano derecha que firmar la disposición que estaban aprobando. Narváez, haciendo gala de una gran diplomacia, le contestó: "Usted no se cortará ninguna mano, con la derecha firmará la disposición y con la izquierda me tocará usted los pelendengues". Y formó, vaya si firmó. Lo que no sabemos si hizo fue lo otro, aunque si Narváez se empeñó, todo puede ser. Esto sí es talante… no del de ZP, pero talante al fin y al cabo…

Precisamente a este Narváez, en su lecho de muerte, el confesor le pidió que perdonara a sus enemigos, contestando el moribundo: “no puedo, porque los he matado a todos”. Qué simpático, el hombre.



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martes, 24 de noviembre de 2009

Amos que... muertes (VII)

Acorde con el humor que me acompañó la semana pasada, el Amos que… de hoy se va a centrar en la muerte. Vamos a recordar algunas formas de morir cuanto menos “curiosas” y que, si olvidamos el resultado, pueden mover a la risa. Ya cité algunos hechos luctuosos verdaderamente ridículos (aquí), pero veamos algunos más.

Empezamos con una muy poética y delicada… dentro de lo que cabe. El escritor y rapsoda chino Li Po (701-762), cuyo nombre también es transcrito como Li Bai, que amén de amante de las musas era algo dipsómano (adjetivo que aprendí el otro día y que es una manera complicada de decir borracho), murió ahogado tras caer al río al intentar abrazar el reflejo de la luna en el agua. Y no, no era precisamente agua lo que se había bebido en ingentes cantidades poco antes, y que le llevó a realizar tal acción, tan romántica como estúpida.

Precisamente la palabreja “dipsómano” la descubrí en una obra de teatro de Tenessee Williams. Vamos entonces con el óbito del afamado dramaturgo norteamericano. Murió a los 71 años “oficialmente” por atragantarse con el tapón de un bote de pastillas que intentó abrir con la boca.Decía lo de “oficialmente” porque sus familiares dijeron que había sido asesinado (sin duda, el intentar abrir algunas cajas y envoltorios puede ser mortal, y si no, ¿qué me decís de los “modernos” plásticos que recubren tarjetas de memoria, “pendrives”, ratones, etc…? Bien podría considerarse la proliferación de estos envoltorios como un intento de genocidio por parte de las multinacionales).

El astrónomo Tycho Brahe, que vivió a caballo entre los siglos XVI y XVII, demostró que la sabiduría popular tiene en muchos casos base científica. ¿No os han dicho nunca eso de que no es bueno reprimir la micción (uséase, aguantarse las ganas de mear)? Pues es radicalmente cierto. El astrónomo danés, un tipo curioso cuya vida que quizá abordemos en otro momento y que fue maestro de Kepler, falleció tras decidir no interrumpir una pantagruélica cena yendo al baño, puesto que ausentarse de la mesa era considerado de mala educación. La “represión de sus necesidades” durante el largo tiempo que duró el refrigerio le originó una cistitis que acabó con sus días dos meses después, entre altas fiebres y fuertes dolores. Así que ya sabéis, cuando entran ganas, lo primordial es aliviarse la vejiga so pena de perder la salud y la vida.

Otra enseñanza que nos da la vida (y la muerte): cuidado con los ataques de ira, pueden resultar mortales. Dos casos. El primero, el del célebre compositor Jean-Baptiste Lully, que vivió y se hizo fama en la corte de Luis XIV de Francia. En aquella época, para dirigir la orquesta no se utilizaba la liviana batuta de la actualidad, sino un pesado bastón con el que se golpeaba el suelo a fin de que los músicos siguieran las indicaciones del director. Pues bien, en un ensayo, Lully cogió tal cabreo con los músicos que dio un fortísimo bastonazo en el suelo, con la mala suerte de que entre el bastón y el suelo se encontraba algo: su pie. La herida que se provocó se gangrenó y finalmente acabó con su vida en 1687. El otro ejemplo de que no hay que tomarse las cosas tan a pecho, el de Jasper “Jack” Daniel, fundador de las destilerías Jack Daniels. El hombre tenía problemas para recordar la combinación de su caja fuerte, que a buen seguro estaba rebosante de dinero. Una mañana, al no acordarse de ella y no poder abrir la caja, le pegó una patada haciéndose polvo el dedo del pie, que posteriormente se le infectaría provocando su muerte en 1911.

Para terminar, la certificación de otro dicho popular: “La curiosidad mató al gato”. Bueno, en realidad esto no tiene que ver con un gato, sino con un pollo, y no es el animal el que se muere, sino que… Bueno, a lo que iba, que me estoy liando. Francis Bacon (1561-1626), reputado filósofo y científico, quiso experimentar la acción del frío para evitar la descomposición de los cadáveres. Así, durante una tormenta de nieve, salió a enterrar un pollo en la misma, con el fin de observar los efectos de la esperada congelación en el gallináceo fiambre. Al estar expuesto durante un tiempo al intenso frío, Bacon cogió una pulmonía que, unida a su avanzada edad, terminó siendo mortal. Como decía, la curiosidad mató al gato, bueno, era Bacon, con lo cual sería más bien un cerdo, aunque la culpa la tuvo el pollo… un lío, vamos.
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miércoles, 21 de octubre de 2009

Amos que... (VI)

Nueva temporada de estas curiosidades históricas que titulamos “Amos que…”.

El pensamiento alternativo es, dicen, la capacidad cognitiva de imaginar el mayor número de soluciones para un problema determinado. Veamos un ejemplo: Mateo de Aguirre, fraile franciscano enrolado en los tercios españoles. Durante la batalla de Ivry ante los franceses, en 1590, tras luchar valientemente frente al enemigo se le acabaron las municiones de los pistoletes y perdió la espada. “¿Qué hacer?”, pensó en ese momento. “¿Rendirme? ¿Huir?”, se planteaba. “No, qué va, al fin y al cabo soy fraile franciscano, con lo que… “. ¿Cómo continuó su razonamiento Mateo de Aguirre? “Buscará que lo perdonen por ser fraile”, podréis pensar. “Pedirá auxilio a la Iglesia”, o “se sacrificará en nombre de Cristo”, aventuraréis. Pues no, sigo con su argumentación “… con lo que llevó aquí un buen crucifijo, grande y hermoso, con el que voy a seguir luchando y matando a todos estos malditos herejes”. Y así hizo, se lió a “crucifijazos” dejando a varios enemigos malheridos hasta que consiguieron acabar con él.

Continuamos con alguien que tenía problemas de peso. Pero literalmente. Se trata de Sancho I de León (935-966). Al parecer, el hombre estaba gordo. Bueno, en este caso gordo es poco; muy gordo. Gordísimo. Una barbaridad. De ahí su apodo, “el craso” (según la segunda acepción del diccionario de la RAE: grueso, gordo o espeso). Por lo visto llegó a pesar 21 arrobas castellanas, el equivalente a 240 kg. Incluso tuvieron que ensanchar algunas puertas para que pudiera pasar por ellas. Y no había caballo que lo aguantase (ni podía él subirse, claro). Aunque había subido al trono a la muerte de Ordoño III, tras dos años de reinado sus súbditos, espantados por el voraz apetito de su rey y su patética figura, apoyaron su relevo por Ordoño IV. Sancho huyó entonces a refugiarse en casa de su abuela, Toda de Navarra (sí, Toda, es un nombre, ¿sería a quien le dedicó su canción Jesulín?). La señora, muy astuta ella, determinó que si su nieto quería recuperar el trono, lo primero que tendría que hacer es ponerse a dieta. Pero claro, dietistas en aquella época… Pues sí, los había, pero donde la medicina estaba más avanzado: en Al-Andalus. Así, acudió a Córdoba, a la corte de Abderramán III, en busca del remedio. El califa aceptó ayudar al orondo leonés a cambio de la promesa de que, en caso de recuperar la corona, cedería diversas plazas al califa. Y los médicos andalusíes obraron el milagro; ahí estaban, el Natur-House del Medievo. A base de los Obregrases y biomanases de la época,una dieta estricta, ejercicio y ayudas para activar el intestino (el antecedente de los yogures éstos que anuncian en la tele), consiguieron que montar a caballo y empuñara la espada con un mínimo porte. Finalmente, logró recuperar el trono en 959, pero una vez de nuevo rey, olvidó su promesa y no entregó las plazas al califa. Además, cayó de nuevo en la gula y volvió con los problemas de antaño: de nuevo era más fácil saltarle que rodearle. Así, finalmente fue asesinado en 966, según cuentan, con una manzana envenenada. Esto último es lo que más difícil me resulta de creer, ¿no sería más bien un buen chuletón? Si comía manzanas no estaría tan gordo… ¿o era el relleno de un cordero lechal bien horneado?

Vamos ahora con un niño de esos que dan miedo. Como la niña del Exorcista o el de la Profecía. Luis XIII (1610-1643), rey de Francia, se encontraba agonizando ya en su lecho de muerte. Mandó llamar a su lado a su hijo, el futuro Luis XIV, que le sucedería en el trono cuando falleciera. Le hizo al niño, que tenía cuatro años, una de esas preguntas que se les hace a los críos, a ver cómo de espabilaos están: “A ver, niño, ¿sabes cómo te llamas?”, le inquirió su padre con una sonrisa. “Luis XIV, señor”, le contestó su hijo, y a Luis XIII se le borró la sonrisa de un plumazo. El jodío crío era más que consciente de lo poco que le quedaba a su padre, y ya había anticipado su reinado.

Cuentan que cuando a Unamuno le entregó Alfonso XIII la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, el literato le contestó: “Gracias, majestad, por entregarme esta cruz que tanto merezco”. El monarca, sorprendido por el comentario, le contestó: “Vaya, don Miguel, por lo general la mayoría de los galardonados aseguran que no se la merecen “, contestando Unamuno: “Señor, en el caso de los demás, efectivamente por lo general no se la merecían”. Modesto que era. Y es que de Unamuno se cuentan tantas anécdotas, que a saber cuáles son ciertas y cuáles no (la más famosa, por supuesto, la de “chespir”; vamos, vamos, seguro que todos la conocéis)

Para terminar, las últimas palabras de un genio “mudo”, Buster Keaton. El genial cómico estaba moribundo en su lecho de muerto. Alguien de entre los presentes propuso tocarle los pies para determinar si ya había fallecido, explicando que los muertos siempre tienen los pies fríos. Keaton, que aún no había expirado, comentó susurrando en su agonía final: “Juana de Arco, no”. Ya sabéis, genio y figura…
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miércoles, 1 de julio de 2009

Amos que... (V)

Esta entrega de Amos que… la voy a comenzar con algo que no es histórico; a pesar de ser dado por cierto por muchos, es una leyenda. Sin embargo, me parece curiosa y divertida.

Tiene que ver con la posible (como digo, en realidad poco posible) existencia de una mujer en el trono Papal, el papa Juan VIII, que en realidad vendría a ser la Papisa Juana VIII, allá por los siglos centrales de la Edad Media. Las vicisitudes de cómo una mujer llegó a ocupar la Cátedra Petri no vienen al caso, pero, si les interesa, hay una extraordinaria novela titulada La Papisa de Donna W. Cross y editada en castellano por la editorial Salamandra. El caso es que, una vez descubierta, y para que algo así no se volviera a repetir, se cuenta que existía (o existe) una silla con un agujero en el asiento en la cual se sentaría cada nuevo papa para certificar su masculinidad. Y aquí viene lo más divertido: uno de los miembros del colegio cardenalicio introducía su mano por el orificio y, palpando, verificaba la genitalidad del nuevo pontífice. Si este tacto genitalis daba los resultados esperados, exclamaba: Duos habet et bene pendentes (Tiene dos y cuelgan bien). De todas formas, de existir semejante rito tendría que ver más con evitar que el Papa fuese un eunuco (lo cual estaría prohibido pues su castidad no vendría del sacrificio espiritual sino de la castración física) que con que fuese mujer.

“Tengo los huevos colganderos”, que decimos por La Mancha, jejeje.

¿Recordáis lo que contaba de Jorge III de Inglaterra, que a veces se daba por muerto a sí mismo e incluso se ponía de luto en su honor? Pues la siguiente anécdota está algo relacionada con esto. Al no conseguir todos los territorios que deseaba (Estambul entre ellos), en 1919 Grecia declaró la guerra al nuevo estado Turco, nacido de las cenizas del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial. El gobierno griego de Eleuterio Venizelos eligió como jefe Supremo de las Fuerzas Armadas griegas al general Giorgios Hajianestis, un gran militar pero que habia desarrollado una enfermedad mental durante el conflicto mundial. Las tropas turcas las dirigía el padre de la patria turca, Mustafa Kemal Ataturk. El 26 de agosto de 1922 se produjo la decisiva batalla de Dumlupinar. Los turcos comenzaron el ataque, y cuando las tropas griegas esperaban las órdenes para contraatacar, éstas no llegaron porque el general Hajianestis había decidido que se había muerto. Y, claro, un muerto no podía dar órdenes. Más aún, argumentaba, aunque diese las órdenes, los soldados griegos no iban a ser tan tontos de obedecer a un cadáver parlante. Aunque fue pronto sustituido por el general Tricoupis, la reacción tardó demasiado en llegar y el destino de Grecia estaba sellado: la derrota. El de Hajianestis, también: fue condenado a muerte y fusilado, por loco.

Igual no estaba desencaminado, sino que sólo veía el futuro...

Das Kapital, el Capital, tratado en tres volúmenes escrito por Karl Marx y publicado entre 1867 y 1894. Ésta es la obra básica del marxismo, y, por ende, de las ideologías políticas que surgen del mismo: socialismo y comunismo. En esas décadas finales del XIX en Rusia existía la autocracia zarista, un régimen político autoritario basado en el poder absoluto del zar y la inexistencia de libertades individuales. Este tipo de sistemas de gobierno suelen utilizar la censura para vigilar lo que se publica en sus países y evitar la propagación de ideas que pongan en riesgo el orden establecido. Sin embargo, en 1872 el primer volumen del Capital fue traducido y publicado en Rusia. En el informe del departamento censor se reconocía que era una obra abiertamente socialista y radical, y por tanto, en principio, peligrosa para el poder zarista. Sin embargo, no se prohibió porque consideraron que tanto por su extensión como por la forma en que estaba escrito sería inaccesible para el público ruso.

Vamos, que dijeron, “total, si nadie se va a enterar del tostón éste”. ¿Sería el mismo criterio que siguieron con las obras de Tolstoi o Dostoievski? No me extrañaría…

Para terminar por hoy, la demostración de que el arte a menudo es una filfa. En 1967 el MOMA de Nueva York exhibió el cuadro “Le bateau” de Henri Matisse. Durante 47 días más de cien mil personas, desde turistas hasta críticos de arte, pasaron ante él para admirarlo hasta que un corredor de bolsa de Wall Street (aficionado al arte, se entiende) puso el grito en el cielo: ¡Estaba colgado al revés! . Pero no creáis que esto es una cosas excepcional, no. En el museo de la universidad de Minnesotta, la obra "Amapolas Orientales" de Georgia O´Keefe (considerada la primera gran artista norteamericana) estuvo ¡30 años! colgada en vertical, cuando su sentido correcto es el horizontal. En 1965 la National Gallery londinense mantuvo dos semanas el cuadro de Van Gogh "Hierba Alta y Mariposas" colgado del revés, lo que es más divertido si se tiene en cuenta que antes de abrir la exposición al público realizó una “premiére” para “especialistas” del artista holandés. En 1994 la Galería Hayward y el Metropolitan de Nueva York también exhibieron del revés la obra de Dalí “Tres mujeres de los pescadores de Cadaqués”. Y si estas cosas ocurren por ahí, ¿cómo no iban a pasar en España? El año pasado el Reina Sofía tuvo tres meses el cuadro “El violinista” de Picasso también del revés.

Desde luego, estos críticos y especialistas en arte no son muy espabilaos… ¡sólo hay que fijarse ande está el cáncamo, leche! Inútiles…



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miércoles, 3 de junio de 2009

Amos que... (especial chiflados)

“Está como una cabra”. “Está como una regadera”. “Está como las maracas de Machín”. “Está como un cencerro”. “Está pa llá”. Estas frases, que se pueden aplicar a tanta gente de la que conocemos, igualmente pueden ser aplicadas a algunos personajes históricos que demostraron sin lugar a dudas que mu bien, mu bien… no estaban.

Es el caso, por ejemplo, del rey británico Jorge III (1738-1820), tercer monarca de la casa de Hannover, que convirtió a Gran Bretaña en la mayor potencia marítima de la época y se convirtió en el principal enemigo, al final victorioso, de Napoleón. En su haber, la conquista de Canadá y la anexión de Irlanda a la corona; en su debe, la independencia de los EEUU de América y la consiguiente pérdida de las dichas colonias.

De este personaje se cuentan muchas cosas, entre ellas su afición a salir a cazar mariposas desnudo y los ataques de risa que le provocaba escuchar a su caballo haciendo aguas mayores cuando salía a pasear a lomos del mismo, hasta el punto de tener que descabalgar absolutamente desternillado. Además, era extremadamente locuaz y hablaba sin ton ni son para poner la cabeza loca a cualquiera. Fue capaz, según cuentan las crónicas, de hablar durante más de 50 horas seguidas. Eso sí, todo lo que decía era incoherente y no había por donde cogerlo, aunque todo el mundo tenía que seguir su charla como pudiera: no contestar al rey si éste te dirigía la palabra era castigado con la muerte.

Otra de sus locuras, que no admitirían ahora los ecologistas y amigos de los animales, era su fijación con los patos. Jorge III hablaba con ellos en los parques de palacio, y les ordenaba que le siguiesen en sus paseos. Si esto no ocurría, cogía a uno de los patos “insumisos” por el pescuezo y le metía la cabeza debajo del agua para ahogarlo. Luego exponía su cuerpo al resto de patos para que supiesen qué les podía pasar si no le obedecían.

Igualmente solía hablar con un castaño que había en uno de los jardines al que confundía con el Rey de Prusia (¿!). Incluso se daba por muerto a sí mismo y se ponía de luto. Pero su locura, para mí, más divertida, es que estuvo años terminando todas sus frases con las palabras “Pavo Real”.

Otro ejemplo de personaje histórico “pa llá” fue el hijo de Felipe II, don Carlos (1545-1568). Al final terminó sus días confinado por su propio padre, harto de sus locuras y desvaríos. La historia de Don Carlos es uno de los elementos principales de la “Leyenda Negra” española, urdida por los enemigos de la monarquía hispana, especialmente holandeses y británicos. Su figura ha protagonizado diversas obras, entre ellas un drama de Schiller y una ópera de Verdi, donde se presenta al joven don Carlos como un valiente y romántico príncipe dispuesto a denunciar las injusticias que comete su opresor padre. Nada más lejos de la realidad.

Si no era muy espabilao, el hombre, el hecho de ser príncipe digamos que agravó su estupidez supina, cuyo origen podría ser una mezcla de varios factores: la genética (había antecedentes familiares de locura), la endogamia (tan habitual entonces; sus padres eran primos) y un embarazo y parto “complicados” (su madre no estaba aún muy desarrollada para dar a luz y además los médicos le provocaron una anemia que hizo que muriera cuatro días después del parto).

Desde pequeño sus caprichos sembraban el asombro y la preocupación en todo el palacio. Por ejemplo, a los siete años se enfadó con un paje y exigió que fuese ahorcado. Como no le hicieron caso, se puso en huelga de hambre (a esto le cogió afición y algunos piensan que fue su posterior causa de muerte) y para que al niño se le pasase la barraquera, ahorcaron en su presencia a un muñeco que se parecía al paje, quedando entonces ya contento (ya digo que no debía ser mu espabilao, porque no ser capaz de distinguir entre un muñeco y una persona…).

Cuando su primo el rey de Portugal le regaló un elefante, al niño se lo tenían que subir a su habitación para que jugase con él. Imaginad cómo quedaba el palacio cuando el enorme animal “visitaba” las habitaciones del niño.

Sus “locuras” empeoraron cuando contando 17 años se cayó por las escaleras y se golpeó la cabeza. Su estado fue tan grave que se le dio casi por muerto, aunque al final volvió en sí y se sometió a diversos tratamientos. Entre ellos, meterle en la cama la momia del fallecido fraile Diego de Alcalá, hecho que fue la causa, para casi todo el mundo, de su salvación. Y después que si era él el que estaba como las maracas de Machín. La realidad fue que Vesalio, el médico más destacado del siglo XVI, le realizó una trepanación al estilo doctor House que quizá le salvó la vida pero empeoró su estado mental.

Otro de esos episodios de crueldad y enajenación mental fue cuando paseando por la capital le cayó un cubo de “agua” (de ésos de “agua vá”, ya sabéis) lanzado desde una ventana, y ordenó que fuesen muertos todos los habitantes de la casa y el edificio quemado hasta que no quedase nada. Menos mal que no le hicieron caso. Igualmente, cuando ordenó que le arreglasen unas botas que le estaban estrechas y el mayordomo tardó, según él, demasiado en venir a recogerlas, obligó a éste hombre a cortar las botas en trocitos, cocerlas, y comérselas en su presencia. Al principio quería tirarle al foso, con lo que aún tuvo suerte el pobre hombre.

El caso es que el chaval cada vez iba a peor. Le entró una manía persecutoria que le hacía ver enemigos por todas partes, y se hizo construir un libro de hierro para tirárselo a quien entrase en su habitación con aviesas intenciones.

A su locura se unía su gallardía y bien parecer. Fijaos en cómo lo describía el embajador austríaco: “No es un príncipe ancho de hombros, teniendo uno más alto que otro, ni de gran talla. Tiene el pecho hundido. A la altura del estómago presenta una pequeña giba. Su pierna izquierda es bastante más larga que la derecha, sirviéndose con menos facilidad de este lado que del izquierdo. Tiene los muslos fuertes, pero mal proporcionados, y es débil de piernas. Su voz es chillona, aguda, y al comenzar a hablar sufre viendo que las palabras salen con dificultad de su boca...”. Hermosismo tenía que ser.

A este aspecto le unía una casi segura impotencia: llegó a contratar a tres médicos que le ayudasen en su “primera vez” y ni así consiguieron que el chaval “cumpliera”, teniendo que pagar a la chica con la que pasó la noche para que no contase nada del episodio. De todas formas y como es normal, toda la Corte se enteró de los “problemillas” del príncipe. Como curiosidad se puede destacar que le buscaron dos novias con las que casarse, Isabel de Valois primero y Ana de Austria después. Pues bien, no se llegó a casar con ninguna de ellas; con ambas se casó ¡su padre, Felipe II! Precisamente la leyenda romántica de Don Carlos habla de amoríos incestuosos con su madrastra Isabel de Valois y de los celos de su padre ante este amor sincero que le llevarían a encerrar y posteriormente matar a su hijo. Ensoñaciones románticas muy alejadas de la realidad: el tal Don Carlos de Austria estaba como una regadera.

Para terminar, una locura más “bonita”. Federico Guillermo I de Prusia (1648-1740)se enamoró a los 20 años… de un busto de piedra que representaba a una antigua princesa. A partir de entonces la buscó durante toda su vida, sin encontrarla, claro.

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viernes, 15 de mayo de 2009

Amos que... (III).

Hay veces que es mejor tener la boca cerrada. He aquí unos pocos ejemplos históricos de frases poco afortunadas, ya sea porque no eran demasiado convenientes dada la situación, o porque el tiempo pone a cada uno en su sitio y las predicciones fallan a menudo. Ya lo dice el refrán: “por la boca muere el pez”.

En mi opinión ésta es la mejor:

“He pedido hielo, pero esto es ridículo”.

John Jacob Astor IV a bordo del Titanic

Perfecto ejemplo de la flema inglesa, sin duda.

Pero hay otros ejemplos igual de interesantes. Veamos algunos de ellos.

“No se ha fundido aún la bala que pueda matarme”

General Juan Prim

Al día siguiente, el 27 de diciembre de 1870, era asesinado al recibir cinco balazos. Las habrían fundido esa noche, digo yo.

“Nada importante sucedió hoy”

Jorge III de Inglaterra, el 4 de julio de 1776 (Día de la independencia de los EEUU)

Así le iba, al espabilao.

“El cine es un invento sin ningún futuro”

Los Hermanos Lumière

que se complementaría con…

“¿Cine hablado? ¿Pero quién demonios va a querer oir hablar a los actores?”

H.M. Warner, fundador de la Warner Brothers, 1927

Y aún así ganaron dinero con “el invento”.

“Una memoria de 64 k debería ser suficiente para cualquiera”

Bill Gates, 1981

En esto estaba de acuerdo con la ministra González-Sinde, los que quieran más seguro que es para bajarse cosas de la Mula.

“Cerrad la boca, Majestad, que las moscas de este reino son traviesas.”

Un cortesano a Carlos V

Eso sí, sinceridad ante todo. No se sabe lo que pasó con él, “harían que pareciese un accidente”.

“¡Sexo oral !¿Quieres sexo oral? Tendrás sexo oral cuando el hijo del vecino llegue a la luna!”

Señora Gorsky, vecina de Neil Armstrong, a su marido.

Fue un gran paso para la humanidad… y para el señor Gorsky.

“En los años en que vivimos podemos afirmar que todo lo que se podía inventar, ya se ha inventado”

Charles H. Duell, comisionado de la Oficina de Patentes, 1899

Éste es que además era tonto, porque si se cumpliesen sus palabras se quedaba en el paro.

“Haga como yo, no se meta en política”

Francisco Franco a uno de sus ministros

Pues menos mal…

El caso es que como veis, se pueden decir muchas tontás y llegar muy alto… ¿Acaso no lo vemos todos los días? Pues eso.

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martes, 14 de abril de 2009

Amos que... (II)

Vamos ahora con algunas curiosidades históricas más. No muchas, que alguna lectora se ha quejado de que en el anterior artículo ponía demasiadas, así que poquito a poco.

Dos ejemplos de muertes estúpidas en la Grecia clásica:

Esquilo, el dramaturgo griego, murió en el 456 a. C. La causa fue que a un águila que pasaba se le cayó la tortuga que llevaba entre sus garras y ésta le golpeó en la cabeza al pobre hombre. Se plantea que incluso, dado que las águilas suelen romper el caparazón de las tortugas que apresan golpeándolas contra peñascos o piedras, la sobredicha rapaz confundiese la prominente calva del dramaturgo con una roca. Pero la cosa no queda ahí. Como numerosos griegos, Esquilo visitó el oráculo para conocer su destino. Éste le predijo que moriría aplastado por una casa, y para evitar tan fatal destino se fue a vivir al campo. Pero ya véis, al final el oráculo siempre atinaba. ¡Es un pájaro!¡Es un avión!¡No, es una tortugaaaaaaaagh!

El estoicismo era una corriente filosófica que predicaba la ataraxia (control de las pasiones humanas) para llegar a la felicidad. Crísipo (281-207 a.C.)fue un destacado filósofo estoico, que tuvo una muerte muy poco estoica: se murió de un ataque de risa después de emborrachar con vino a su burro y ver cómo el pobre asno intentaba comerse un ficus. Estoico, sí, sí… un cabroncete es lo que era este Crísipo.

Las relaciones familiares siempre dan lugar a cosas realmente curiosas. Repasemos algunos casos.

Viendo cómo fue su reinado, podemos advertir claramente que Carlos IV (1748-1819) no era un hombre demasiado inteligente ( la cara de tonto que tenía en el fidedigno retrato que realizó Goya de toda su familia no deja lugar a la duda). Y es que el hombre desde muy joven apuntaba ya maneras. Siendo aún príncipe, le comentó a su padre Carlos III: "Somos afortunados los príncipes y los reyes, pues a diferencia de nuestros vasallos no estamos expuestos a la infidelidad de nuestras esposas, ya que éstas no podrían nunca encontrar a nadie superior a nosotros en quien fijarse". La respuesta del “Rey ilustrado” no dejó lugar a las dudas: “Qué tonto eres, hijo mío”.

Temístocles (525-460 a.C.), militar y política ateniense y gran vencedor de la batalla de Salamina frente a los persas, le comentó cierta vez a su hijo: "hijo, tú dominas el mundo”. El chaval, extrañado, le preguntó el porqué de tal afirmación, y su padre le contestó: “hijo, el mundo civilizado es Grecia, Atenas domina Grecia, yo domino Atenas, tu madre me domina a mí, y tú haces con tu madre lo que quieres porque eres su pequeño y sólo tiene ojos para ti; por tanto, tú dominas el mundo”. Como vemos, en las familias poco ha cambiado en 25 siglos. ¿Serán entonces las pizpiretas hijas de Obama las que decidan el futuro del mundo?

Ser profesor tiene sus riesgos, y más serlo de historia. Porque después viene la propia historia y te echa por tierra tus predicciones. Un profesor de su colegio le dijo al padre de Albert Einstein: “su hijo nunca hará nada de provecho”. En la escuela Skillington y Stoke, a la que asistía, calificaron a Isaac Newton de distraído y vago cuando tan sólo contaba 5 años. Emile Zola, el mejor representante de la corriente literaria naturalista, fue calificado de “nulo para la literatura” en su examen de Bachillerato en 1859. Como vemos, a veces uno falla con sus vaticinios y hace el ridículo, de ahí que a mí no se me ocurrirá decirle a ningún alumno que nunca pasará a la historia. Que nunca aprobará historia, puede, pero lo otro… Y es que a muchos les será más fácil pasar a la historia que aprobarla, tal y como están las cosas.

Para ejemplo de hombre hogareño, Immanuel Kant (1724-1804), el destacadísimo filósofo, que jamás se alejó más de 15 km. de su ciudad natal, Könisberg. Y es que hay tantos que viajan muchísimo, yendo de un lado para otro, pero sin enterarse de ná, como una maleta, que tampoco es que sea necesario. Con ver a los de alrededor a Kant le fue suficiente para interpretar la existencia humana. Si es lo que digo yo a los chavales, que se montan excursiones para irse a cientos de kilómetros a hacer lo mismo que hacen en su casa… beber y el que tiene suerte…

Y para terminar, algo sin comentarios: en Francia durante el siglo XIX se castigaba el intento de suicidio con la horca…

Por cierto, os recomiendo un blog que he descubierto por ahí y está bastante curioso y entretenido (aunque algunas opiniones del autor puedan herir sensibilidades), y donde aparecen también algunas muertes estúpidas de personajes históricos: http://socioapatia.wordpress.com/
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viernes, 27 de marzo de 2009

Amos que...

He decidido titular estas recopilaciones de curiosidades históricas con esta expresión “mu manchega” que sería el equivalente al “increiblebleble” fordfairlaneniano.

Santiago Ramón y Cajal, premio nobel de Medicina en 1906, fue un gran aficionado a “machacarse “ en el gimnasio y de joven se convirtió en uno de los mejores culturistas de su ciudad, Zaragoza. Pocas veces fue más cierto eso de “Mens sana in corpore sano”.

Hitler fue nominado al Premio Nobel de la Paz en 1939 a propuesta del parlamentario sueco Erik Brandt. Pero no queda ahí la cosa: Mussolini también fue nominado en 1935 y Stalin en dos ocasiones, 1945 y 1948. Y yo que pensaba que lo del Oscar de Penélope Cruz era lo más alucinante que había visto en cuanto a premios se refiere…

Felipe V obligaba a uno de sus principales ministros, Patiño, a departir con él tras un biombo, puesto que consideraba que era demasiado feo para hacerlo cara a cara. Si le pillasen ahora los del Ministerio de Igualdad…

Según muchos historiadores y filólogos, la palabra “testificar” proviene de una antigua costumbre de los romanos, que para jurar, igual que actualmente se hace sobre la Biblia, ellos lo hacían apretándose los testículos con la mano derecha. Gesto, por otro lado, que tampoco es que se haya olvidado, aunque tenga un significado menos “oficial”. Como diría el ex ministro Trillo “Manda Huevos”.

Durante la Edad Moderna, los marineros que habían doblado el Cabo de Hornos tenían tres privilegios: ponerse un pendiente en la oreja, permanecer cubiertos ante los reyes (con el sombrero puesto, se entiende), y orinar o escupir a barlovento (es decir, contra el viento). Lo de mear contra el viento… bueno, sería porque ellos no tendrían que limpiar la cubierta, ¿no?

En la refinadísima corte de Luis XV de Francia se creó la figura del portacorbatas, un criado cuyo único cometido era abrocharle y desabrocharle la corbata al rey. No, no os riáis, que la misma utilidad tienen cientos de asesores de presidentes de gobierno, presidentes de comunidad autónoma y alcaldes en nuestro país, y seguramente cobran más que aquellos pobres servidores del rey francés. Y su utilidad es la misma.

La revolución de octubre en Rusia en realidad ocurrió en noviembre. Esto es debido a que por entonces aún se utilizaba en los países de la Europa del Este el calendario juliano, el cual había sido sustituido por el gregoriano ya en el siglo XVI en el resto de los países europeos. Así, el asalto al Palacio de Invierno que le dio el poder a los bolcheviques, que tradicionalmente hemos estudiado se produjo el 25 de octubre, en realidad para nosotros fue el 7 de noviembre. Lo que faltaba para mis alumnos de historia, que una fecha… sean dos.

Carlos VII de Francia tenía pavor a ser envenenado, y por eso dejó de comer. Murió de inanición. Sin comentarios (y es que tampoco estaría muy bien de la cabeza, digo yo)

El temible y bárbaro Atila, el que “por donde pisaba su caballo no volvía a crecer la hierba”, en realidad era un hombre muy culto, que hablaba latín y griego y conocía perfectamente la cultura romana, especialmente su sistema político y administrativo. Además, en sus banquetes se solía recitar poesía. Su sistema de gobierno solía ser pacífico, aunque eso sí, imponía fuertes impuestos a los pueblos que conquistaba. Y fijaos cómo ha pasado a la historia, el pobre “rey de los hunos”. Como veis, éste sí que tiene derecho a interponer una demanda por difamación. Para mí la tiene ganada.

Pierre Curie, Premio Nobel de Física en 1903, esposo de Marie Curie y un pionero en el estudio de la radiactividad, pasó muchísimo tiempo expuesto a radiaciones peligrosas, claro que en aquel momento no eran conscientes de tal peligro. Precisamente su mujer moriría de una anemia aplásica provocada por la continuada exposición a altos índices de radiactividad en 1934. Cuando esto sucedió, Pierre había muerto ya hacía tiempo, en 1906… atropellado por un coche de caballos cuando cruzaba la calle. Éste ejemplo lo pueden utilizar los que se niegan a dejar de fumar (sin razón, eso sí).

Según nos cuenta el historiador Julio Africano, el primer faraón de Egipto, Narmer, murió al ser arrollado por un hipopótamo. Sí, ésos “simpáticos” animales que eran la marca de unos pañales, que pesan entre 2´5 y 3´5 toneladas… y que van como locos.


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