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domingo, 1 de abril de 2012

Yo no estuve allí: Ciencia y Religión entre sábanas

El sabio no es el que más respuestas conoce, sino el que más preguntas se hace. La historia del conocimiento humano es la historia de cómo los hombres y mujeres se han planteado cuestiones sobre el universo que le rodea y sobre sí mismos, y sólo la reformulación de las preguntas y el cuestionamiento de supuestas verdades inmutables han permitido el progreso de la ciencia. Una de las críticas que se hacen desde el ámbito científico a la religión es que trabaja con dogmas, a los que si bien desde Santo Tomás de Aquino se les intenta conciliar, en la medida de lo posible, con la razón, no se plantea como un fundamento religioso el poner en constante prueba las propias certidumbres. El desarrollo del conocimiento científico no sólo significó un avance para la propia ciencia, sino también para la religión, al volverla más humana, más sincera y menos supersticiosa, y sobre todo al obligarla a diferenciar claramente cuál es su campo de acción, renunciando a sustituir a la ciencia en aquellos terrenos en los que ésta se presenta más válida a la hora de dar respuesta a lo ignoto. Empero, con el tiempo y el avance del progreso científico, muchos han optado por limitarse a sustituir la una por la otra, eliminando la posibilidad siquiera del hecho religioso al identificarlo con superstición, y pretendiendo considerar , en un osado y pretencioso ejercicio de estupidez, que la ciencia es capaz de resolver cualquier duda y desvelar cualquier misterio de la existencia. Han decidido, en realidad, tomar la ciencia y convertirla en una nueva religión, pervirtiendo sus más profundos principios (la duda metódica y la búsqueda de nuevas preguntas detrás de cada respuesta), y cayendo en la más significativa crítica que ellos mismos esgrimen hacia la religión: el dogma. Así, nos encontramos con una sociedad actual dominada por la incredulidad y el desapego al misterio, presuntuosa y jactanciosa en su propia ignorancia y debilidad, como la actual crisis económica y la secular deriva ética y moral nos demuestra, en la que los sumos sacerdotes de la nueva verdad científica han creado un nuevo Tribunal de la Inquisición destinado a perseguir y destruir el pensamientos religioso, pero que, como la Inquisición católica, en su ejercicio de eliminación de la disidencia acaba igualmente con la propia razón de ser de lo que pretende defender traicionando sus más básicos principios. Presentar la ciencia como una suministradora de verdades absolutas e inmutables es traicionar su más hondo sentido y naturaleza, para convertirla en realidad en la peor versión de la religión, la que no ve más allá de sus propios engaños y paraliza el desarrollo de las sociedades humanas. Fundamentalismo religioso y fundamentalismo científico tienen en común, primero, que ambos conceptos constituyen un oxímoron por sí solos, y segundo, que los que les define, les iguala y les hace perniciosos es el sustantivo y no el adjetivo. Si la libertad del ser humano es el bien más preciado y el único camino para alcanzar la felicidad, no hay nada más opresivo que la verdad absoluta, sea ésta religiosa o científica. Si la religión ha tenido y tiene que aprender que no puede ocupar el espacio de la ciencia, ésta debe considerar que tiene también sus limitaciones, y, aunque no debe renunciar a superarlas, no puede negarlas, pues con esta negativa estará impidiendo su propio avance como instrumento para la expansión del conocimiento humano.

¿A qué bien todo esto? En este blog he abordado a lo largo de estos algo más de tres años algunos misterios y enigmas relacionados con la figura histórica de Jesucristo, especialmente en fechas señaladas como la Semana Santa que por esta época estamos viviendo. Uno de los principales y más controvertidos temas relacionados con la pasión, muerte y resurrección de Jesús es el que atañe a una de las reliquias más famosas de la cristiandad: la conocida como Sábana Santa de Turín. Precisamente por lo complejo, discutido y acalorado del tema he ido dejándolo hasta que tuviese ganas y tiempo, pues son muchos los estudios y las opiniones que apuestan por la veracidad o no de la famosa Síndone de Turín.

Aunque nunca he acabado de decidirme a iniciar una entrada sobre el asunto, sí que he ido con el tiempo leyendo y viendo distintos textos y documentales que versan sobre la cuestión, y más especialmente cuando llegaba la conmemoración anual de la Pasión de Cristo. Y hete aquí que tras incluso ampliar mi objeto de estudio al Santo Sudario de Oviedo, reliquia si bien menos conocida igualmente interesante, me encuentro con una página web que intenta resumir, desde su particular punto de vista, claro, a qué principales conclusiones se puede llegar tras décadas de estudios, análisis e informes contrapuestos. La última conclusión que esgrime el autor, Luis Alfonso Gámez, periodista vasco que trabaja en el diario El Correo y en ETB dedicado a asuntos relacionados con la ciencia y que se autodenomina “escéptico” en general, es la que me ha animado a abordar por fin el tema. La transcribo: “Los creyentes en la sábana santa esgrimen desde hace años que nadie ha conseguido replicarla al 100%. Es una manera como otra cualquiera de desviar la atención de los resultados del análisis del carbono 14. Ignorar cómo hicieron algo nuestros antepasados no es una carta blanca para atribuirlo a extraterrestres o milagros. En este caso, no saber cómo se hizo la sábana santa no cambia el hecho de que el lino con el que está tejida data de la Edad Media y, por tanto, no pudo estar en un sepulcro hace 2.000 años “. Y se queda tan a gusto. Lo escrito por este señor, del que no tengo el gusto, escéptico de pro, tomado como referencia y ejemplo de todos aquellos que agitan las pruebas del C14 realizadas a pequeñas partes de la síndone hace más de 20 años como la demostración palmaria y absoluta de su falsedad, me permite a mí concluir, por otra parte, que su aseveración es profundamente anticientífica y que, si todos pensaran como él/ellos, el conocimiento no habría evolucionado lo más mínimo desde el paleolítico. Yo les llamaría más que escépticos “esclerocépticos”, pues con su forma de ver la realidad, la humanidad estaría esclerotizada, anquilosada, atrofiada. Formaría así parte de una nueva “fe en la ciencia”, secundada por muchos más escépticos (esclerocépticos), que es más impostura irracional que creencia en sí, siendo uno de sus dogmas, para el caso que nos atañe, la seguridad en la infalibilidad de la datación por Radiocarbono. Y no sólo en la infalibilidad de este método de datación, sino que también es/son creyente/s, por ende, en los únicos estudios que se hicieron de unos pequeños trozos que se cortaron de ella en 1988, llevados a cabo por tres laboratorios “independientes” del Reino Unido, Estados Unidos y Suiza, que curiosamente publicaron al unísono sus conclusiones en la revista “Nature”, y que, al contrario de lo que asegura, sí han sido refutados en múltiples publicaciones científicas, a no ser que consideremos científicas únicamente a las que sirven a nuestros intereses. Porque lo cierto es que sí, el famoso estudio dató esas pequeñas partes del sudario entre los años 1260 y 1390, y sí, a partir de ahí los escépticos (esclerocépticos) aseguraron que esto demostraba con una certeza absoluta que era falsa. Fin de la historia. Lo dice el radiocarbono y punto. Muchos de ellos presentan sus conclusiones con locuciones como “todo el mundo sabe…”, “está más que demostrado…”, “no cabe la menor duda…”, lo que suele denotar una intransigencia y obstinación poco saludable.

Por suerte hay gente que no se conforma. Que mira más allá. Que se adentra sin miedo en el misterio. Y empezaron a surgir las dudas, que los apóstoles del cientificismo y el escepticismo (que en cambio, qué curioso, no se muestran escépticos con el estudio mentado) niegan, pero que son múltiples y desde distintos ámbitos. Unas señalan la falta de fiabilidad del propio método de datación, que se ha mostrado equívoco en otras ocasiones, cuando piezas de las que sí se conocía su datación por análisis arqueológicos, paleográficos, históricos o zoológicos demostraban que las fechas datadas con radiocarbono no se correspondían con la realidad. Otras ponen en duda la muestra tomada, que señalan pudiera ser un remiendo medieval, la existencia de los cuales está registrada documentalmente. Una muestra, además, que ha pasado por siglos de manipulación al no estar oculta y por tanto es fácil y entendible que esté contaminada, cosa que no ocurre cuando encontramos algo en una excavación arqueológica en los niveles que corresponden a su época de uso, caso en que el radiocarbono sí es mucho más fiable. Incluso se cuestiona el propio estudio, que tergiversa la solidez del método y del propio análisis realizado, magnificando las cifras de fiabilidad de los análisis llevados a cabo, mostrando por tanto una falta de objetividad inquietante. Pero además surgen más cuestiones que hacen que el asunto esté de todo menos cerrado. Los numerosos estudios llevados a cabo antes y después del referido, en cambio, aportan datos sobre su veracidad. Los análisis paleozoológicos aseguran que se trata de una pieza que ha estado en contacto con flora y fauna de la zona Palestina. Los estudios histórico-antropológicos, que se corresponde a una forma de enterrar a los muertos propia del siglo I de nuestra era dentro de la cultura judía. Los informes forenses, que se trata de un individuo que, por las muestras de sangre que se pueden advertir, y por la forma en que están repartidas por el lienzo ha sufrido un castigo muy similar al que relatan los evangelios, incluidos flagelación y crucifixión. Y después están los problemas que se plantean si aceptamos la datación del C14 llevada a cabo por los laboratorios susodichos. ¿Cómo es posible que en plena Edad Media se llevara a cabo una falsificación que, incluso con los medios científicos y tecnológicos actuales, sería casi imposible hacer? ¿Cómo estos “falsificadores” reprodujeron la anatomía y el funcionamiento interno de un ser humano tan perfectamente cuando aún faltaban más de cuatro siglos para que la ciencia médica avanzara tanto? ¿Cómo pudieron estos malvados artesanos de la mentira lograr las impresiones que se ven en la Síndone, que no se corresponden con ningún tipo de pintura ni de material imprimible conocido hasta ahora? ¿impresoras láser en el siglo XIV? ¿Cómo reproducen aspectos histórico-culturales, como el casco de espinas, desconocidos hasta que la historiografía moderna se interesó sobre esos aspectos? Bueno, claro, siempre podemos echar mano de templarios y de Leonardo Da Vinci, pero eso sería igual de estúpido que sostener en una sola evidencia, la del radiocarbono, frente a muchas otras, la prueba de la falsedad de la Síndone de Turín (y, por ende, del Sudario de Oviedo). Una evidencia, además, que multiplica las dudas y los problemas si la damos como válida, llevándonos a conclusiones que son más acientíficas aún que la que se pretende refutar, como ya se ha explicado.

¿Mi opinión? Que los estudios del C14 no son para nada concluyentes, y que tanto la Síndone de Turín como el Sudario de Oviedo constituyen, más allá de unos objetos de Fe de gran valor religioso, unos enigmas científicos e históricos que aún han de dar mucho juego y representar un reto para las distintas ciencias, erigiéndose así en un privilegiado campo de desarrollo de las mismas. Sin duda, de todas las pruebas presentadas en favor de la falsedad de la reliquia, la que me parece más convincente no tiene que ver ni con un tipo de datación, ni con ningún examen antropológico o histórico. Es, simplemente, la negativa de la Iglesia Católica a prestar la síndone para que sea objeto de los estudios más exhaustivos con el fin de cerciorarnos sobre el origen de la reliquia. Para esta negativa también dan sus razones, aunque me convencen poco. Eso sí, teniendo en cuenta cómo ha defendido la Iglesia Católica el legado de Cristo a lo largo de los siglos, ésta sería una manera más de comportamiento errático (Inquisición, desigualdad de la mujer, cruzada o guerra santa) que tampoco nos puede llevar a pensar en la falsedad de la reliquia que, de ser efectivamente ficticia, estoy seguro que ni siquiera las más altas instancias eclesiásticas lo conocerían.

No voy a ocultar que soy creyente, ni que me encantaría que ambas reliquias fuesen reales (algunos opinan que esto no es compatible, por cierto). Pero esto no es óbice para afrontar con mente abierta y gran interés todo lo que la ciencia pueda decir sobre ellas, sin forzar las evidencias para lograr el resultado que a mí me interese, tal y como parece el empeño de estos “esclerocépticos”.

Tras la milagrosa y definitiva aparición de “los profetas del radiocarbono” se han celebrado decenas de congresos científicos internacionales dedicados al debate, que parece que son inútiles para los “esclerocépticos” que ya han certificado y finiquitado la cuestión, pero yo, en cambio, os invito a sumergiros en tan apasionante misterio, el de la Sábana Santa para lo que podéis acudir a algunas de las siguientes direcciones web.

Para la Sábana Santa:

- http://www.linteum.com/
- http://www.sabanasanta.org/
- http://es.wikipedia.org/wiki/Sudario_de_Tur%C3%ADn
- http://webs.ono.com/sindone/pamenu.htm
- http://blogs.elcorreo.com/magonia/2010/04/10/diez-preguntas-y-respuestas-sobre-sabana-santa/
- http://www.shroud.com/menu.htm
- http://sabanasantaexpo.com/
- http://www.sabanasanta.info/component/content/article/72
- http://www.cuanticas.com/misterio-sabana-santa-turin

Documentales (en los casos en que son diversas partes el enlace es de la primera):

- http://www.youtube.com/watch?v=RM-NGAbSdCc
- http://www.youtube.com/watch?v=lfOsQpbBl3Q
- http://www.youtube.com/watch?v=k_A7nXvOyME
- http://www.youtube.com/watch?v=2yhSfNJruSY&feature=related
- http://www.youtube.com/watch?v=BtymdaoQ4MY&feature=relmfu
- http://www.youtube.com/watch?v=iUFBPbGqskU

Para el sudario de Oviedo (aquí hay menos material, sobre todo crítico):

- http://es.wikipedia.org/wiki/Santo_Sudario_de_Oviedo
- http://chicureo.com/Destacados/sudario.htm
- http://www.linteum.com/el-santo-sudario-de-oviedo.php
- http://logxia.com/revistamilenarios/portal/index.php?option=com_content&view=article&id=137
- http://webs.ono.com/sindone/oviedo1.htm
- http://www.akasico.com/noticia/1390/Religiones-y-espiritualidad/santo-sudario-oviedo.html
- http://www.shroud.com/guscin.htm

Documentales:

- http://www.youtube.com/watch?v=QNvUly9OLiA
- http://www.youtube.com/watch?v=JYoUsqOQjw0&feature=related

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miércoles, 7 de marzo de 2012

Yo no estuve allí: Jesse Owens

1936. El águila imperial alemana está dispuesta a extender su sombra sobre Europa. Un hombre, más alto de lo que la historia le ha reconocido (1´73 m.), quiere mostrar al mundo la gran verdad de la que se ha convertido en profeta y mesías: la superioridad de la raza aria. Una vez el planeta haya asumido su supremacía, será más fácil conseguir sus objetivos y modelarlo según la única ley natural, negada por la infame civilización judo-cristiana: la ley del más fuerte. No es la excusa de un dirigente ambicioso para conseguir sus egoístas objetivos, no es una patraña urdida por un político que quiere medrar a toda costa, es una verdad luminosa y clara en su mente y que ha de guiar a la humanidad a un nuevo estadio de progreso y civilización. Sus compatriotas, la nación elegida para dirigir el mundo, ya lo han comprendido. Es hora de explicárselo al resto de la especie humana.

Berlín. Primero capital del Estado de Brandemburgo, dentro del Sacro Imperio Romano Germánico, el Primer Reich. Luego, capital de Alemania tras la unificación bajo el kaiser Guillermo II, el Segundo Reich. Ahora, capital de la nueva Alemania, la Alemania nacionalsocialista, el Tercer Reich. Pronto, según los planes del Führer del pueblo alemán, será la capital del mundo.

Los Juegos Olímpicos. En la Grecia clásica, fiestas religiosas, culturales y deportivas en ofrenda a los dioses. Los ganadores de los concursos deportivos eran los elegidos para la gloria, pues su nombre y fama se extendían por toda la civilización (griega, por supuesto, pues no podían entender la existencia de otra). Una competencia por la perfección. Una divinización de los hombres en honor de unos dioses demasiado humanos. En la era moderna, son reinstaurados por el barón Pierre de Coubertin en 1896 como símbolo de la nueva civilización mundial nacida del imperialismo y la industrialización; una civilización sin fronteras ni límites, que ya cubría toda la tierra. Unas pruebas donde los mejores del mundo, los hombres más preparados, esforzados y brillantes, pudieran competir para mostrar las hazañas e hitos que el nuevo hombre moderno puede alcanzar, encarnación del progreso sin límites de la nueva sociedad industrial. El mejor acontecimiento para demostrar la superioridad de una nación, de una raza, por encima de las demás.


Alabama, EEUU. 12 de septiembre de 1913. Nace James “Jesse” Cleveland Owens, séptimo hijo de los once que tuvieron los granjeros Henry y Emma Owens. Nieto de esclavos, el trabajo y sacrificio de sus padres le permitió ir al Instituto en Cleveland, Ohio, donde se había mudado la familia. En el “High School” Jesse descubrió el atletismo; o quizá deberíamos decir que el atletismo le descubrió a él. Gracias a sus capacidades atléticas, y tras batir varios récords mundiales para estudiantes de instituto, logró una beca parcial para estudiar en la Universidad de Ohio, estudios que alternaba con los entrenamientos y el trabajo de botones. En los campeonatos universitarios de la NCAA consigue cuatro oros individuales en 1935 y otros cuatro en 1936, algo que nadie ha logrado repetir hasta el día de hoy. En un mitin realizado en la ciudad de Ann Arbor, en Michigan, pulverizó cuatro récords del mundo en tan sólo cuarenta y cinco minutos. Ese año, además, se convirtió en el primer hombre en sobrepasar los ocho metros en salto de longitud, estableciendo un récord que durará 25 años.

Berlín, Estadio Olímpico, 1 de agosto de 1936. 110.000 personas abarrotan las gradas del coliseo erigido por Werner March. La propaganda nazi llegaba a su punto culminante. Tenían que mostrar a todas las naciones el poder y la superioridad de la raza aria. Todo había sido proyectado por el gran propagandista alemán y mano derecha del Führer, Joseph Goebbels, que encargó la puesta en escena al arquitecto Albert Speer y la filmación del acontecimiento, que daría la vuelta al mundo, a la directora Leni Riefensthal. El célebre dirigible Hindenburg sobrevuela el Olympiastadion justo antes de la aparición del Jefe del Estado y del gobierno Alemán, Adolf Hitler. El tirano da por inaugurados poco después los XI Juegos Olímpicos de la Edad Moderna, los que deben certificar lo que la mente y sobre todo el corazón de millones de alemanes ya saben: el hombre ario debe liderar a la humanidad y los impuros deben postrarse ante él y reconocer su supremacía. El gran momento había llegado.
Berlín, Estadio Olímpico, 3 de agosto de 1936. Los días anteriores los alemanes se habían mofado de la presencia de atletas negros, a los que apodaban “bastardos de Renania”. Como raza impura, los de origen africano eran muy inferiores a los arios. Sin embargo, en la final de los 100 metros lisos se impone un atleta de color estadounidense, Jesse Owens, batiendo el récord del mundo con un crono de 10´30 segundos. Ese día se gana el apodo de “el antílope negro”. Segundo, a una décima, queda su compatriota Ralph Metcalfe, también negro. Tercero, el holandés Osendarp, ya a dos décimas de segundo del ganador. El Führer, que presidía las pruebas, no felicitó a los ganadores. A pesar de la falsa leyenda, no fue porque fuesen negros, sino porque el COI le había advertido que debía felicitar a todos los ganadores o a ninguno, pero nunca sólo a los alemanes, como había hecho el día anterior. Hitler
optó por no saludar a ninguno.

Berlín, Estadio Olímpico, 4 de agosto de 1936. Calificación para la final de salto de longitud. Jesse Owens es el plusmarquista mundial (8´13 m.), pero se encuentra en problemas: sólo le hacen falta 7´15 para llegar a la final, pero sus dos saltos anteriores han sido dados nulos por unos jueces demasiado rigurosos. Un alemán, Lutz Long, alto, rubio y de ojos azules, que acababa de batir el récord olímpico para regocijo de Hitler, se acerca a Owens. Le recomienda que no arriesgue, que salte bastante antes de la tabla de batida para que no le puedan dar un tercer nulo que le eliminase, ya que sus saltos eran mucho más largos de la distancia de calificación. Jesse Owens sigue su consejo y pasa a la final sin problemas. Al día siguiente, en la final, Jesse Owens vence a Long, que le felicita efusivamente y ambos salen del estadio fundidos en un abrazo cordial.

Berlín, Estadio Oímpico, 5 de agosto de 1936. Jesse Owens logra su tercera medalla de oro batiendo el récord mundial de los 200 metros lisos (20´7). El segundo fue Matthew Robinson, también atleta estadounidense y de color. Curiosamente, su hermano será el primer afroamericano en jugar al Béisbol en un equipo profesional, en 1947, rompiendo con la segregación racial en el “deporte nacional” norteamericano. El holandés Martin Osendarp fue, al igual que en los 100 metros, medalla de bronce en los 200.

Berlín, Estadio Olímpico, 9 de agosto de 1936. El equipo de relevos de los EEUU gana la carrera de los 4x100 masculinos con un tiempo de 39´8, récord del mundo. Entre los cuatro atletas ganadores se encuentra Jesse Owens, quien con ésta consigue su cuarta medalla de oro, hazaña no igualada en el atletismo hasta 48 años después con los cuatro oros de Carl Lewis en Los Ángeles 84.


Cleveland, Ohio, 20 de agosto de 1936. Tras desfilar por las calles de Broadway aclamado por el pueblo neoyorkino junto al resto de medallistas olímpicos norteamericanos, Jesse Owens vuelve a su trabajo de botones. El presidente de los EEUU, Franklin Delano Roosevelt, no recibe ni felicita a ninguno de los medallistas negros. Era tiempo de elecciones y eso podría reducir sus opciones en los estados racistas del Sur. Jesse Owens con sus cuatro medallas de oro, no podía viajar en la parte delantera de un autobús, ni se le permitía entrar en muchos locales “sólo para blancos”. Hitler no le había estrechado la mano, pero tampoco lo quiso hacer el presidente de los Estados Unidos.

Frontera germano-polaca, 1 de septiembre de 1939. El ejército del Reich invade Polonia. Comienza la II Guerra Mundial.

Sicilia, 13 de julio de 1943. Lutz Long es herido en el transcurso de una batalla y muere. Cuando estalló la II Guerra Mundial, Lutz Long fue obligado por el gobierno a acudir al frente, pese a que los atletas de élite no tenían la obligación de alistarse. El gesto que tuvo con Jesse Owens, un bastardo negro, fue entendido como una humillación para los arios, una degradación de su condición superior. Su desafío al régimen nazi le iba a costar caro. Hasta el momento de su muerte, Long mantuvo su amistad con Owens, con quien se carteaba. Una vez finalizada la contienda, el estadounidense viajó a Alemania a conocer a la familia de su amigo, e incluso le pagó los estudios a su hijo. Declaró: "Se podrían fundir todas las medallas y copas que gané, y no valdrían nada frente a la amistad de 24 quilates que hice con Luz Long en aquel momento."

Berlín, 30 de abril de 1945. Hitler se pega un tiro en la sien tras haber ingerido cianuro junto a su amante y desde hacía poco esposa Eva Braun. El sueño nazi se rompe definitivamente. La supremacía aria se revela como lo que era: una gran mentira. Un hijo de granjeros y nieto de esclavos había comenzado a desmontar la gran falacia casi una década antes.
Washington, 28 de agosto de 1963. El reverendo Martin Luther King declara en su discurso: “Yo tengo un sueño: que un día esta nación se pondrá en pie y realizará el verdadero significado de su credo: Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres han sido creados iguales”. El 4 de agosto de 1968 será asesinado en Memphis, pero ésa es otra historia.

Tucson, Arizona, 31 de marzo de 1980. Muere a la edad de 66 años Jesse Owens, víctima de un cáncer de pulmón. Había sido un empedernido fumador toda su vida. En 1976 el presidente Gerald Ford le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad de los EEUU, y en 1990, a título póstumo, George H.W. Bush le concederá la Medalla de Oro del Congreso, máxima distinción a la que puede aspirar un estadounidense.



Washington, 20 de enero de 2009. Barack Obama es investido como el cuadragésimo cuarto Presidente de los EEUU. Es el primer presidente negro de la historia.

En el mundo entero, hoy. Que no te engañen. Millones de personas mueren de hambre, y otros tantos mueren abatidos por el odio en estúpidas guerras. También son muchos los que soportan la injusticia de gobiernos corruptos, y los que sufren el olvido de sociedades demasiado complacientes consigo mismas. Pero nada está predestinado. No hay razas superiores ni inferiores. No hay mujeres ni hombres que por nacimiento estén por encima de los demás, ni por debajo. A cada cual nos toca determinar nuestro destino con nuestros actos y nuestros hechos. Y si mientras tanto ayudamos al de al lado, mejor. Nuestro futuro está en nuestras manos; el del mundo, también. Aceptemos nuestra responsabilidad y hagámoslo todo lo bien que podamos. Lo demás son estúpidas patrañas.

Venga va, el sueño continúa.







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Yo no estuve allí: Joe Louis y Max Schmeling (I)

En el “Yo no estuve allí” dedicado a Jesse Owens hicimos referencia a la simbología antirracista que se atribuyó a su hazaña en los JJOO de Berlín de 1936. No fue ésta la única vez que el mundo del deporte demostró el despropósito que supone la creencia en una supuesta superioridad de unas razas sobre otras. El boxeador Joe Louis protagonizó otra de estas gestas que ridiculizaron el pensamiento racista y abrieron camino a la igualdad de todos los hombres y mujeres, por encima del color de su piel, su sexo o su religión. La vida del llamado “bombardero de Detroit” también nos dejó un relato de cómo la amistad y el respeto mutuo pueden ser más fuertes que el odio, similar al mostrado por Owens y Luz Long pocos años antes.

El enfrentamiento entre los aliados y las fuerzas del eje ha pasado a la historia como una pugna por la libertad de todos los seres humanos frente a la esclavitud y la injusticia. Sin embargo, como se comentó en el caso de Owens, la realidad histórica, mucho menos idílica, nos revela que el gran país de las libertades que se escandalizaba por las doctrinas racistas de Hitler negaba los derechos civiles a una gran parte de sus ciudadanos, a los que ni siquiera reconocía como tales. La población negra de los EEUU no tenía ningún tipo de derechos al iniciarse el siglo XX, a pesar de haberse abolido la esclavitud en 1865.

El mundo del deporte en general, y del boxeo en particular, no fue una excepción a la regla. El primer campeón del mundo de los pesos pesados de color, Jack Johnson, logró el título en un combate celebrado en Australia en 1908, puesto que en EEUU los negros tenían prohibido participar en el circuito profesional y mucho menos se permitía un combate interracial. Precisamente este título de Jack Johnson enojó de tal manera a la élite blanca norteamericana que no pararon hasta verle desposeído del mismo, en 1915, tras un calvario personal que le llevó a exiliarse primero y cumplir condena en prisión, por dudosos motivos, después.

Joe Louis, nuestro protagonista, fue el siguiente campeón del mundo afroamericano de los pesados en 1937. Pero empecemos por el principio.

Joseph Louis Barrow nació en 1914 en un campo algodonero de La Fayette (Alabama). De familia pobre, quedó huérfano de padre a los cuatro años. Con diez años se trasladó a vivir con su familia y su padrastro a Detroit, donde trabajó de repartidor de hielo y aprendiz de ebanista. Pronto empezó a frecuentar un gimnasio, donde le vieron aptitudes para el boxeo.

Tras una exitosa carrera como amateur, Louis disputó su primer combate profesional el 4 de julio de 1934, derrotando a Jack Kracken en el primer round. Durante ese año, Louis disputó 12 combates ganándolos todos, diez de ellos por k.o. En un principio, el que fuera su primer entrenador, Jack Blackburn, quería que Louis sólo combatiese contra boxeadores de raza negra, pero su pupilo pronto desoyó sus consejos y comenzó una fulgurante carrera siendo considerado el primer afroamericano en condiciones de lograr el campeonato tras la retirada de Jack Johnson. Esta circunstancia le convirtió en el ídolo de la comunidad de color de los EEUU.

1935 fue un gran año para Joe Louis. “El bombardero de Detroit”, como fue bautizado, logró vencer a contrincantes de gran renombre, como los ex-campeones Primo Carnera y Max Baer, o al español Paulino Uzcudun, que hasta ese momento jamás había sido vencido. A partir de entonces se convirtió en el principal aspirante al título que ostentaba en ese momento el sorprendente James Braddock (apodado “Cinderella Man”; sobre su vida existe una película de 2007 protagonizada por Russell Crowe y Renée Zellwegger, polémica por lo maltratada que es la figura de Max Baer, al que Braddock arrebató el título ). Antes de optar al mismo, le quedaba un nuevo combate con otro ex-campeón de los pesados, el alemán Max Schemeling.

Max Schmeling (Klein-Luckow, Alemania, 1905) había conseguido en 1930 el campeonato frente a Jack Sharkey, por descalificación de éste al propinarle un golpe bajo. Era la primera vez, y ha sido la única, que un boxeador proclamaba campeón por descalificación del contrincante, lo que unido a su condición de extranjero hizo de Schmeling una figura antipática para el público norteamericano. Al ser fotografiado con Hitler, Schemeling cargó también con la fama de ser militante nazi, cuando en realidad jamás se afilió al partido y nunca abandonó a su manager Joe Jacobs, judío, a pesar de las presiones de los más altos dirigentes nacionalsocialistas, especialmente del mismísimo ministro de propaganda Joseph Goebbels. En 1932 perdió su corona contra el propio Sharkey a los puntos, en una decisión muy polémica y que fue entendida como un robo por parte de todos los allí presentes. Tras cuatro años, su regreso a los EEUU sería contra la nueva gran figura norteamericana, Joe Louis. En un moderno planteamiento, Schmeling y su entrenador estudiaron las películas de los combates de Louis, y encontraron un fallo en su defensa: cuando soltaba el jab de derecha, bajaba su mano izquierda.

El primer combate entre Joe Louis y Max Schmeling se celebró el 30 de agosto de 1937 en el Yankee Stadium. Todos daban como favorito al bombardero de Detroit, y las apuestas se centraban más en adivinar el asalto en que caería el campeón alemán que en el desenlace final del combate, que parecía seguro. Sin embargo, saltó la sorpresa y gracias al estudio que de su rival había hecho, Schmeling, tras conectar un directo en el cuarto asalto que hizo caer a la lona a Joe Louis por primera vez en su carrera, logró noquear definitivamente a su rival en el decimosegundo asalto. El desconcierto fue mayúsculo, ni los asistentes ni los periodistas que retransmitían la velada para todo el país se lo podían creer. Fue considerada una de las dos o tres sorpresas más importantes de la historia junto a la de Braddock frente a Baer en 1935 y la de Buster-Douglas frente a Tyson en 1990.

La Alemania nazi, que en principio se había negado a que “su” boxeador se enfrentase a un contrincante negro, al que consideraban un inferior, y que había presentado el combate más como un espectáculo circense que como una velada de boxeo, utilizó la victoria de forma propagandística. La superioridad de la raza aria sobre los inferiores negros había quedado demostrada. Y, por ende, la de Alemania frente a los corrompidos Estados Unidos, en manos de judíos y negros. A pesar, como se ha dicho, de la poca simpatía de Schmeling hacia el nazismo, no pudo renunciar a su condición de héroe nacional (que en realidad fue de “héroe racial”; por cierto, que Schmeling era bastante moreno y alejado de los estereotipos arios). Fue recibido por las masas enardecidas en Berlín, y adoptado como el campeón del régimen nazi.

El siguiente paso para Schmeling era combatir por el título frente a Braddock, pero éste al parecer se negaba a boxear con un púgil nazi y adujo una lesión en la mano. Así, la pelea por el título se organizó posteriormente con Joe Louis de aspirante, que a pesar de su última derrota llevaba una impecable carrera y había demostrado ser merecedor de una oportunidad. Incluso Braddock, mostrando una clara visión empresarial, y sabiendo que aunque le ganase ese combate Louis era la gran estrella del futuro del boxeo, negoció con sus managers que a cambio de darle esa oportunidad Braddock recibiría el 10% de las ganancias de Louis durante los diez años siguientes.

Joe Louis pudo resarcirse pronto de la derrota ante el gigante teutón y conseguir el sueño que compartía con toda la comunidad afroamericana estadounidense: el título de campeón del mundo de los pesos pesados. En la pelea frente a Braddock, en el Madison, pasó momentos complicados, llegando a ser derribado en el primer asalto, y a pesar de que el campeón dominó casi todo el combate, Louis conectó una serie de golpes en el octavo que terminaron con “Cinderella Man” en la lona y con el Bombardero de Detroit como nuevo campeón del mundo. Aunque había obtenido el título, Joe Louis no se sentiría campeón hasta haber derrotado a Schmeling.

(Continuará)
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Yo no estuve allí: Joe Louis y Max Schmeling (y II)

La revancha se disputó el 22 de junio de 1938. Alemania se había anexionado Austria y presionaba a Checoslovaquia para que entregase la soberanía sobre la región de los sudetes. El ejército de Hitler atemorizaba toda Europa, y el partido nazi exhibía por doquier la supremacía racial aria. Mientras, los EEUU aún no había salido totalmente de la Depresión, contemplaban con estupor lo que ocurría al otro lado del Atlántico, y necesitaban de una figura que les diera esperanza en los principios y valores que habían hecho de su país una gran nación. Durante meses, esta esperanza tomó la forma de Joe Louis. Poco antes de la pelea, el presidente Franklin Delano Roosevelt recibió a Louis en la Casa Blanca, y le dijo: “Joe, necesitamos músculos como los tuyos para derrotar a Alemania”.

Si las autoridades nacionalsocialistas habían intentado que la anterior confrontación pasara desapercibida negándole legitimidad y sólo a raíz de la victoria del alemán habían reclamado el triunfo como propio, en este caso desde el principio publicitaron el combate como la definitiva prueba de la superioridad aria. Durante meses Schmeling se vio introducido en el círculo íntimo de Hitler, como “símbolo ario” que era, a pesar de que ni el boxeador comulgaba con las ideas del dictador, ni éste sentía simpatía por el púgil, más aún cuando la amante de Hitler, Eva Braun, bebía los vientos por Schmeling.

Cuando en un Yankee Stadium abarrotado la campana dio inicio al combate entre dos púgiles, Louis y Schmeling, para la mayoría se escenificaba la lucha entre el fanatismo y la libertad. Joe Louis, aquel día, luchaba por su país y por su raza. Como el cómico Dick Gregory diría después: “fue la única vez que un negro se convertía en la gran esperanza blanca”.

Millones de radioyentes asistieron a través de las ondas a la temprana victoria de Louis, que noqueó a Schmeling en el primer asalto. Aunque el alemán se quejó de un golpe ilegal, no cabe la menor duda de que el norteamericano era mejor boxeador, y esta vez no iba a dejarse sorprender. La victoria de Louis fue celebrada por todo el país, especialmente por la comunidad afroamericana, que veía a uno de los suyos, dos años después de que lo fuese Jesse Owens, subido al pedestal de héroe nacional y azote del racismo.

EEUU celebró el triunfo de su boxeador como un éxito nacional; Alemania lo sufrió como una vergonzosa derrota. Schmeling seguía siendo considerado un execrable nazi en Norteamérica, y ahora era despreciado por sus propios compatriotas como un indigno pelele fracasado. Hitler no se lo tomó tan mal después de todo, al fin y al cabo ese bruto no le caía nada bien y su fracaso le permitía vengarse de los desplantes sufridos. Pronto sería obligado a alistarse en el ejército, pero antes, jugándose la vida, salvó a dos judíos de caer en manos de las SS durante los aborrecibles sucesos que han pasado a la historia con el nombre de la Noche de los Cristales Rotos (noviembre de 1938). Ocultó a estos jóvenes judíos, los Lewin, en la suite de su hotel, y posteriormente les ayudó a salir del país. El campeón defenestrado mantuvo tal suceso durante mucho tiempo en secreto; sólo muchos años después salió a la luz, al ponerse en contacto uno de los dos hermanos con el ex-boxeador, a fin de darle las gracias. Schmeling fue distinguido por tal hecho por la Fundación Raoul Wallenberg, premio que aceptó agradecido, en contraposición a lo que hacía años había hecho con los galardones ofrecidos por los nazis, los cuales varias veces se negó a recibir. Esta actitud de resistencia pasiva ante los dirigentes nacionalsocialistas le llevó a servir en la guerra como paracaidista, y a serle encomendadas sucesivas misiones suicidas. La consigna parecía ser que Schmeling desapareciera. Pero Schmeling siempre volvía. Terminó la guerra, y a pesar de todos los peligros a los que se vio arrojado por sus mandos, el bravo y humanitario púgil alemán sobrevivió.

Su contrincante Joe Louis también se alistó en el ejército. En este caso, de forma voluntaria, y su destino no fue el mismo que el de su rival y posteriormente amigo alemán. El bombardero de Detroit fue utilizado en campañas de publicidad que llamaban a los jóvenes americanos a alistarse y protagonizó giras en las que animaba y entretenía a los soldados con discursos y exhibiciones. También se mostró crítico con su gobierno, al condenar que los soldados afroamericanos sirvieran en batallones segregados de los blancos. “Hay muchas cosas malas en Norteamérica, pero Hitler no nos las va a arreglar”, solía decir.

Tras la guerra, Joe Louis conoció el lado oscuro de la fama. Tras defender su título en dos ocasiones, pretendía retirarse del boxeo como campeón, y así lo hizo en 1949. Sin embargo, su excesiva generosidad y tren de vida le llevó a perder casi todo el dinero que había ganado en los años anteriores, viéndose obligado a subir de nuevo al ring para pagar las deudas. Primero fue derrotado por Ezzard Charles a los puntos, y posteriormente apalizado por un joven Rocky Marciano, que posteriormente se convertiría en el único boxeador que se ha retirado imbatido. Ésta fue la tercera derrota en toda la carrera de Joe Louis, y el fin de la misma. Resultado, 72 combates, 69 victorias (55 por K.O.) y 3 derrotas. Ostentó durante 12 años el cetro de campeón del mundo de los pesos pesados.

Schmeling y Louis entablaron una gran amistad durante los años posteriores. El alemán se convirtió en el representante de Coca-Cola en su país, y se hizo millonario. Louis, en cambio, inició una caída personal que no tendría freno. Intentó ganar dinero vendiendo su imagen, siendo contratado por el Caesar´s Palace de Las Vegas como “maestro de ceremonias”. También se hizo luchador de lucha libre americana, lo que ellos llaman “wrestling” y aquí conocemos como “pressing catch”, más cercano al espectáculo y a la interpretación que al verdadero deporte. Durante esto años, y casi arruinado, recibió la ayuda económica de su amigo Schmeling desde el otro lado del charco. Pero lo peor estaba por llegar. Tras coquetear con la cocaína, estuvo un tiempo ingresado en un psiquiátrico y una operación quirúrgica lo dejó postrado en una silla de ruedas. Sólo la ayuda de algunos amigos, Schmeling entre ellos, le permitió salir adelante, hasta que en 1980 falleció de un ataque al corazón en un Hospital de Palm Springs. Fue enterrado con honores militares en el cementerio de Arlington por expreso deseo del presidente Reagan. Los funerales los pagó su otrora enemigo y desde hacía años amigo Max Schmeling.


El campeón alemán murió hace relativamente poco, en 2005, a la edad de 99 años, homenajeado por un pueblo alemán que siempre le tuvo en alta estima,y por toda la gente del boxeo, que siempre le admiró.

Como en el caso de Jesse Owens, el deporte demostró con Joe Louis que sólo el trabajo y la valía personal diferencian a las personas, y que ni la raza ni la nacionalidad sitúan a nadie por encima de otros. Como en el caso del atleta de Alabama y su contrincante y posterior amigo alemán Lutz Long, la amistad de Louis con Schmeling, después de haberse partido la cara dos veces en el ring y haber sido enfrentados como los estandartes de dos visiones del mundo que llevaron a la segunda y más terrible confrontación mundial, nos expresa bien a las claras que por encima de las ideas, por encima de los partidos, por encima de los gobiernos, siempre están las personas y su capacidad para amar y hacer el bien.

Aquí tenéis los vídeos de los dos combates que disputaron Louis y Schmeling (abstenerse espíritus sensibles porque se dan ----ias como panes).




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martes, 31 de mayo de 2011

Españistán, o el origen de la burbuja inmobiliaria

Gran explicación histórico-económica del origen de la crisis nacional actual. Para mí tiene un valor especialmente descriptivo, y me encanta cómo incide en la idea del "gran botellón" en que hemos participado todos los españoles y la resaca tan gorda que estamos pasando. También hay que considerar de dónde veniamos cuando empezamos con esto (niveles máximos, ejem, perdón, ex-máximos, hasta ahora, de paro en la primera mitad de los noventa y la convergencia con Europa casi imposible) y cómo las ideas que tenían una finalidad social benévola(acabar con el paro) han sido también las que por no dirigirlas de la manera adecuada nos han llevado, una década después, a más paro aún. Menos claro me queda el papel que se le quiere otorgar a la política laboral, que se mencionaa de pasada, pero bueno, creo que es un documento realmente estimable. Espero que os guste. Ah, y recordar que es un anticipo de un cómic del autor Aleix Saló, cuyo blog tenéis aquí .

Bueno, y aunque yo no veo el video tan parcial como algunos (creo que deja a todos igual de mal), tampoco está de más completar la entrada con alguna crítica que puntualiza o completa lo dicho, aquí.



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martes, 24 de mayo de 2011

Yo no estuve allí: Paul Revere y Pedro Serrano

Una de las bases de cualquier movimiento político o social es la comunicación. El traslado de la información sobre acontecimientos, programas, proclamas, etc. es primordial para el éxito de las acciones de los grupos humanos en relación con su contexto. Lo estamos viviendo en la actualidad, con la importancia que ha tomado internet, y en especial twitter, en la reciente oleada de revoluciones en el mundo islámico, así como en el controvertido movimiento 15M en España. También se hizo famoso el “pásalo” enviado por sms tras el atentado del 11M y que jugó un papel trascendental en la primera victoria electoral de Rodríguez Zapatero en España. La aldea global en que se ha convertido nuestro planeta gracias a las tecnologías de la información y la comunicación nos permiten saber casi al segundo lo que ocurre en cualquier punto de la geografía (otra cosa son los intereses de los que controlan esta tecnología, o si verdaderamente es “democrática y universal”, es decir, llega a todo el mundo y en las mismas condiciones). Sin embargo, esto es algo relativamente nuevo. En los siglos pasados, la transmisión de noticias era mucho más lenta y dificultosa por cuanto se tenía que hacer de viva voz o a través de misivas que viajaban por el mundo portadas por mensajeros. Sin duda, el correo más famoso de la historia fue Filípides, el joven griego, que dio lugar a la famosa leyenda del Maratón, de la que existen dos versiones: la más romántica es la que nos cuenta que llevó la noticia de la victoria de los atenienses ante los persas a Atenas para evitar que las mujeres atenienses matasen a sus hijos y se suicidasen, como habían planeado en caso de derrota griega, para lo cual recorrió unos 40 kilómetros; Herodoto, en cambio, nos cuenta que en realidad recorrió los 240 km. que separan Atenas de Esparta en tan sólo dos días para pedir ayuda a los espartanos. En la literatura, el mensajero más célebre es Miguel Strogoff, “el correo del zar”, que en la imaginativa mente de Julio Verne evita con su epopeya a través de la estepa rusa una invasión tártara. Sin embargo, en este artículo quiero referirme a dos figuras, cuya actuación tuvo similitudes en la forma y alcance de su gesta, pero cuyo reconocimiento en sus respectivas historias nacionales dista bastante: Paul Revere y Pedro Serrano.

Paul Revere es una figura muy conocida y apreciada en los EEUU. Todo niño estadounidense conoce la historia de este patriota y su famosa “cabalgada de medianoche”. En el transcurso de la guerra de la independencia norteamericana, este industrial de éxito ideó un sistema para avisar con antelación de los movimientos de los británicos. Así, sus informantes, por medio de la luz de lámparas encendidas, le comunicaron en la noche del 11 de abril de 1775 que las tropas realistas avanzaban a través del Río Charles en dirección a Lexington y Concord, donde los rebeldes guardaban un importante arsenal. Conocido esto, Revere inició un recorrido a caballo avisando a los patriotas de las acciones británicas al grito de “the Regulars (así conocían a las tropas del rey Jorge) are coming!”, lo que permitió que se prepararan las defensas y se ganase la batalla, protegiendo el arsenal y evitando que figuras tan importantes como John Hancock cayesen en manos británicas. Al terminar la guerra, la hazaña de Paul Revere fue celebrada y pasó a la historia de los EEUU, convirtiéndose en una leyenda nacional. Bien es cierto que la historia tampoco ha sido justa en este caso, pues Revere contó con el apoyo de otros dos jinetes, William Dawes y Samuel Prescott, cuyos nombres han quedado olvidados. Buena parte de culpa de la fama que la figura de Revere ha obtenido la tuvo el poeta Longfellow, que en su obra “Paul´s Revere ride” puso las bases de su leyenda.

España, en cambio, y como es bien sabido, gusta más de olvidar a los protagonistas de su historia, y, en caso de recordarlos, prefiere hacerlo para censurarlos y vituperarlos. Por ello no es de extrañar que el nombre de Pedro Serrano nos sea desconocido, al igual que lo es buena parte de nuestra historia, sobre todo porque muchos llevan varias décadas considerando que ésta empieza en la guerra civil. Empero, estamos en años de bicentenario de otra de nuestras guerras, una de las más crueles pero también la más patriótica de nuestro acontecer histórico, que llevó a la nación española a luchar por un objetivo común, e incluso puso la bases de la libertad en nuestro país, evidenciando que no necesitábamos la tutela de un rey absoluto. Pero, como todo lo que habla de España y la nación española, ha sido relegada al olvido, poniendo el foco en otros hechos que magnifican lo que nos separa. Pedro Serrano fue protagonista del levantamiento que dio origen a la guerra de la independencia española tras la invasión napoleónica de 1808. Como todo el mundo debería saber, el 2 de mayo de 1808, tras haber forzado Napoleón a Fernando VII y Carlos IV a cederle la corona de España y habérsela entregado éste a su hermano José, las tropas francesas sacaban de España al último miembro de la casa real que aún quedaba en Madrid, el infante Francisco de Paula. El pueblo de Madrid, ante esta situación, y al grito de “¡Que nos lo llevan!” se amotinó contra las tropas de ocupación mandadas por Murat. La brutal respuesta francesa enardeció los ánimos de los madrileños y españoles que poco a poco iban conociendo la noticia. Ese día hizo que pasaran a la historia nombres como los de los capitanes Daoiz y Velarde, que apoyaron el levantamiento de las clases populares desde el Parque de Artillería de Monteleón, o lo de las mujeres Manuela Malasaña y Clara del Rey. Los políticos Juan Pérez Villamil y Esteban Fernández de León, éste último testigo directo de lo acaecido en la capital, urgieron a los alcaldes de la vecina localidad de Móstoles, Andrés Torrejón y Simón Hernández, a publicar un bando, previamente preparado por ellos, que llamase a todos los españoles a tomar las armas frente a los invasores gabachos. Este bando, a la vez declaración de guerra a Francia y petición de auxilio a los compatriotas, debía ser hecho público por los alcaldes ordinarios y demás autoridades de las localidades en que fuera recibido. En este punto aparece la figura de Pedro Serrano, jinete que ejercía de postillón (mozo que iba a caballo delante de las postas), y que se ofreció a transmitir y entregar copias del documento por los municipios del Camino Real de Extremadura. En dos días recorrió más de 400 km., cambiando de caballo en las diferentes postas, y llevando por localidades extremeñas y andaluzas la llamada a un levantamiento general armado que tras cinco años de guerra expulsará al invasor de España.

Contrasta, pues, lo poco que sabemos de este Pedro Serrano, y lo poco que nos hemos hecho eco de su nombre, con el papel otorgado al que, como él, llevó noticias de sublevación y rebeldía contra la opresión poco antes y a un océano de distancia, Paul Revere. Eso sí, creo que todos convenimos, conociendo a los americanos y conociendo España, que no resulta extraño ni la leyenda fabricada por aquéllos, ni el olvido al que hemos relegado a nuestro compatriota. Ambas circunstancias nos dicen mucho de ambos países, de cómo se ha construido su historia, y de cómo encaramos el futuro. ¿Las conclusiones? Que cada uno saque las suyas. Yo me limito a constatar la disparidad con que la historia ha tratado a ambas figuras.
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lunes, 4 de octubre de 2010

Amos que... (IX)

¡Cuánto tiempo sin curiosidades históricas! Dispongámonos pues a restañar tamaña afrenta al entretenimiento y al conocimiento histórico.

Antes de comenzar, reconocer el trabajo y, por tanto, recomendar dos páginas web de un alto interés para aquellos que gustamos de la historia en su aspecto más lúdico: historias de la historia y curistoria. No dejéis de visitarlas, ¿eh?

Aún continúan los ecos de la polémica (artificial y vilmente politizada) sobre la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Aunque ha quedado claro que ha sido una indecente maniobra nacionalista contra algo que ellos consideran “españolista” (ahora han declarado protegidos los “correbous”, mucho más denigrantes para los astados), y los defensores de los derechos animales se ha dejado manipular como corderitos, qué no harían o dirían si el actual monarca se comportase como Felipe IV (1605-1665). Aficionado a los toros, el Austria no dudaba en salir al ruedo cual maletilla cuando el matador de turno no lograba acabar con la vida del toro, enmendando él mismo tal situación… disparando al toro con un arcabuz, y ganándose, claro está pues era el rey, el aplauso del respetable.

Warren Austin, embajador de EEUU en la ONU, dijo en 1948 que la paz entre árabes y judíos llegaría si se comportaban “como buenos cristianos”. Ahí, echando más leña al fuego. Con consejos así, normal que aún sigan enzarzados.

Como sabemos sobre todo por el cine, en los tiempos de la ley seca en EEUU (1920-1933) la población se las ingeniaba para saltarse la prohibición, lo que dio lugar a un mercado negro y unas prácticas criminales que han dado mucho juego en el imaginario popular del siglo XX. Pues bien, una empresa norteamericana comercializaba un zumo en cuyo envase rezaba el siguiente texto: "Atención: el contenido de este paquete no debe ser puesto en una vasija de barro, mezclado con levadura y ocho litros de agua, porque se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación está prohibida".

Isaac Newton(1643-1727), cuyos descubrimientos de las leyes físicas que rigen (parte de) nuestro universo, fue también filósofo, teólogo e inventor. Incluso llegó a dedicarse a la política. Entre 1687 y 1690 fue miembro del Parlamento británico como representante de la Universidad de Cambridge. Pues bien, en esos tres años sólo pidió una vez la palabra, y fue para presentar la siguiente moción: “propongo cerrar la ventana, pues aquí hace un considerable frío”. Y después decimos que nuestros políticos no trabajan…

A todos nos sacan de quicio algunas pequeñas manías de los que tenemos alrededor. Si pudiéramos, seguro que poníamos remedio. Así lo hizo Armand-Jean du Plessis, el famoso Cardenal Richelieu (1585-1642), que ordenó que los cuchillos que se usaran en su mesa fuesen de punta redonda, para evitar que el canciller Pierre Seguier (1588-1672) los usara para sacarse los “paluego” de los dientes. ¡El mondadientes, ése gran invento!

Terminamos hoy con la muerte de Maximiliano I de Austria (1459-1519), abuelo de Carlos V, que falleció por una indigestión de melón y fue enterrado con el ataúd que siempre llevaba consigo “por si acaso”. Hombre previsor, vale por dos (o eso dicen, que para este caso, lo mismo daba, me parece a mí).
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jueves, 24 de junio de 2010

Furbol es furbol (II)

Continuamos con las anécdotas relacionadas con el fútbol como complemento del Campeonato del mundo de vuvuzelas que se está celebrando en Sudáfrica. Hoy nos vamos a centrar en una de las facetas en las que más destacan los jugadores de balompié: la oratoria. Debido a su relevancia social, a menudo se les obliga a expresarse en público, dando lugar, entre ellos y los agudos reporteros que los entrevistan, a diálogos de una enorme profundidad que rivalizan con los diálogos para besugos que hace algunas fechas recordaba aquí.

Uno de los momentos cumbre de los Mundiales fue el segundo gol de Maradona a Alemania en los cuartos de final de México 86. Todos recordamos el gol del “barrilete cósmico”, superando ingleses uno tras otro hasta driblar al portero y depositar el esférico en las redes, narrado con profunda emoción y pasión por Víctor Hugo Morales. Tras el partido, en un inmenso ejercicio de ironía y sentido del humor, el compañero de Maradona “el negro” Enrique, que le había dado un pase corto en el centro del campo al Pelusa a 53 metros de la portería, declaró: “Con el pase que le dí, si no hacía gol era para matarlo”.

Esta declaración me recuerda a aquella de Brian Cook, ex -jugador de los Lakers, tras el partido contra los Raptors en el que Kobe anotó 81 puntos: “Siempre recordaré la noche en que entre Kobe y yo anotamos 84 puntos para ganar a Toronto”.

Ahora algunas citas que demuestran que la habilidad con los pies no supone igual pericia a la hora de hablar. Por ejemplo, el jugador internacional por Irlanda del Norte Steve Lomas, que antes de un partido contra Alemania, explicó que "Alemania es un equipo muy difícil. Juegan con 11 internacionales a la vez”.

No salimos del Reino Unido y nos encontramos con el ex-jugador del Liverpool Ian Rush, que intentaba justificar así el fracaso de su paso por la Juventus de Turin: “No pude acostumbrarme a vivir en Italia. Era como vivir en un país extranjero”.

En las islas parece que se lían un poco a la hora de exponer sus ideas. David Beckham cuando aún era jugador del United: “Alex Ferguson es el mejor técnico que he tenido a este nivel. Bueno, realmente es el único entrenador que he tenido a este nivel”.

Más. Bobbi Robson, seleccionador de Inglaterra en 1990, tras ganar agónicamente el cruce con Camerún: “No los subestimamos. Simplemente eran mucho mejores de lo que pensábamos”.

Mark Draper fue un mediocampista con mucha proyección en su juventud, aunque su mayor logro fue su paso por el Aston Villa en la Premier. Cuando aún era una promesa expresó su más íntimo deseo: "Me gustaría jugar en algún equipo italiano. Como el Barcelona".

Paul Gascoigne unía a su natural ingenio su familiaridad con las bebidas espirituosas. El resultado del tal maridaje, éste: "me mostraron 14 tarjetas esta temporada; 8 de ellas me las merecí, pero las otras 7 son discutibles".

Aunque es australiano, Mark Viduka desarrolló la mayoría de su carrera futbolística en la liga inglesa, y sus declaraciones durante su paso por el Middlesbrough lo confirman: “No me importaría perder todos los partidos, siempre y cuando ganemos la liga”.

También en España tenemos casos de esta lucidez oratoria. Albelda, tras perder un partido: "Estoy muy jodido. Yo es que el fútbol me lo tomo como si fuera mi trabajo".

No obstante, también hay ejemplos de ocurrencias más agudas y sutiles. Primero nos vamos a Escocia. A John Lambie, entrenador del Patrick Thistle, el masajista le comunicó que uno de sus jugadores había chocado con un rival y por el golpe había perdido la memoria y no recordaba quién era en ese momento. Lambie le respondió: “Perfecto, dile que es Pelé y que vuelva al campo de inmediato”.

Un mito del Liverpool, el entrenador Bill Shankly, fue un gran ejemplo de verborrea ingeniosa. Durante su exitosa etapa en el club inglés, gustaba de lanzar dardos envenenados a su gran rival, el Everton: “Cuando no tengo nada que hacer miro debajo de la clasificación para ver como va el Everton” o “Esta ciudad tiene dos grandes equipos: el Liverpool y los suplentes del Liverpool”. Igualmente, destilaba una sinceridad asombrosa, como cuando antes de un partido de Copa de Europa ante el Milan manifestó: “¿Qué alineación voy a sacar? No voy a revelar un secreto como ése al Milan. Si por mí fuera, procuraría que no se enterase ni de la hora del partido”.

Dejamos para el final al entrenador argentino Jorge D´Alessandro y su famosa sentencia durante una retransmisión televisiva en la que ejercía de comentarista: “tiró el penalti al palo corto”.
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martes, 15 de junio de 2010

Furbol es furbol

Estamos en pleno mundial de fútbol, y para sumarme a la “fiesta” (que esperemos consista en el triunfo de España) aquí os traigo algunas anécdotas y curiosidades de la historia de los mundiales. Todo sea por olvidar el soniquete perrero de las puñeteras "vuvuzelas"...

En el Mundial de Italia de 1934 un delantero suizo jugó con gafas… e incluso logró dos goles. Estas cosas reconfortan a los miopes como yo.

Hablemos de una selección con poca tradición: la India. El segundo país más poblado del mundo jamás ha sido una potencia futbolística, pero quizá ha sido porque cuando lo iban a intentar no les dejaron. Y es que no pudieron participar en la fase final del mundial de Brasil en 1950 para la que se habían clasificado porque la FIFA no les permitió jugar descalzos, como ellos acostumbraban.

Por cierto, que en ese Mundial la selección italiana decepcionó por su mal rendimiento. La causa más importante fue el accidente de aviación que el equipo del Torino, el mejor de Europa por esas fechas y base de la selección azzurri, había sufrido un año antes y que había acabado con la vida de la mayoría de sus jugadores. Debido al trauma que tal hecho supuso en el fútbol transalpino, la selección italiana decidió viajar a Brasil en barco, y no en avión, entrenándose en la cubierta durante el largo trayecto. El problema es que si bien pudieron ponerse en una forma física envidiable, no ensayaron demasiado la técnica porque a los pocos días no les quedaban balones… al haber caído todos al mar durante los primeros entrenamientos.

España no acudió al mundial de Suiza 1954 por culpa de un niño italiano, “el bambino maldito”. Me explico. En la clasificación para la fase final España se cruzó con Turquía, y tras ganar en Zaragoza 6 a 1, la selección nacional perdió en Estambul 1 a 0. Por entonces la diferencia de goles no contaba, por lo que ambas escuadras tuvieron que jugar un partido de desempate en campo neutral. La sede elegida fue Roma, donde empataron a dos tantos al final del tiempo reglamentario. ¿Y cómo se solucionaba por entonces aquello? Fácil, por sorteo. Un niño italiano, Franco Gemma, fue el encargado de sacar la papeleta del ganador… y fue la de Turquía, quedándose España sin Mundial.

La historia que os cuento a continuación la protagonizó el genial Garrincha en el Mundial de Suecia 1958. El magnífico extremo brasileño parece que no tenía la cabeza tan lúcida como sus pies, y eso explica para muchos que no se convirtiese en el mejor jugador de la historia. El bueno de Garrincha se compró una radio carísima durante la concentración de los brasileños, y comenzó a fardar del aparato ante sus compañeros. Uno de los masajistas, que al parecer le conocía bien, le aseguró que esa radio no le valdría en Brasil, porque todos los locutores que hablaban por el aparato lo hacían en sueco. Para demostrárselo, puso en marcha el aparato, y, efectivamente, hablaban en un idioma que el jugador no entendía. Enfurecido, quiso romper la radio, por la que había pagado un pastón, pero el masajista, “apiadándose” de él, le ofreció una cantidad mínima de dinero por ella, por tener un recuerdo de Suecia y por hacerle un favor, claro. Así, el espabilado galeno volvió a su país con una radio último modelo a un precio de ganga gracias a la inocencia de Garrincha.

En Inglaterra 1966, la selección italiana fue derrotada sorprendentemente por Corea, pero el entrenador italiano se justificó diciendo que los asiáticos habían cambiado a todos sus jugadores en el descanso sin que el árbitro se enterase debido a su parecido físico, y de ahí su superioridad física durante el segundo tiempo… Vamos, lo de “tós los chinos nos parecen iguales” en versión coreana.

Por cierto, los norcoreanos llevaron doce “hinchas oficiales” elegidos por su gobierno para animar a la selección. Fueron seleccionados de entre decenas de miles de aspirantes. Ya véis, la “seriedad” de los estados comunistas… que ahora nos provoca la risa. Más que de ojos rasgados, cabezas cuadradas… y así siguen, ojo.

Durante el mundial de Alemania 74, en el transcurso del partido Brasil-Zaire, el colegiado decreto una falta al borde del área africana. Mientras los brasileños se preparaban para tirarla, y el árbitro colocaba la barrera, uno de los zaireños que formaban parte de la misma se fue hacia el balón como un poseso y le pegó un patadón de cuidado al esférico… ante la sorpresa de todos. El colegiado, claro, le sacó tarjeta, aunque él se la protestó con ahínco… Es uno de los secretos de los mundiales; ¿en qué estaría pensando este tío?



En España 82 también sucedió uno de los momentos más surrealistas de esta competición. Durante el partido Francia-Kuwait, y tras lograr un gol el equipo francés, irrumpió en el terreno de juego, ¡un jeque kuwaití, presidente de la Federación, que le exigió al colegiado que anulase el gol!Pero, es que además, ¡el árbitro le dio la razón y lo anuló! A pesar de todo, Francia ganó 4 a 1.




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domingo, 6 de junio de 2010

"Ni gota conocimiento": anécdotas de la II Guerra Mundial (IV)

Recupero una sección bastante olvidada dedicada a narrar algunas anécdotas ocurridas durante el conflicto más vasto y dramático de la historia de la humanidad: la II Guerra Mundial. Sin más dilación, comenzamos…

¡Ah, el absurdo y la sorpresa, cuántas vidas han salvado! Hasta estar en paños menores te puede salvar la vida en esta grandísima sinrazón que es la guerra. Y si no que se lo digan a un grupo de soldados británicos que participaron en el desastroso desembarco aliado en la localidad francesa de Dieppe en agosto del 42. Tras desembarcar y conseguir llegar a la población más cercana, fueron hechos prisioneros por los alemanes. Éstos, deseosos de humillarles, les obligaron a despojarse de sus uniformes y les dejaron en ropa interior. Al poco, uno de los ingleses se abalanzó sobre un guardia alemán, haciéndose con su arma y procurando la huida de sus compañeros, que iniciaron una curiosa carrera por las calles del pueblo en dirección a la playa. Lo más insólito es que pasaron por delante de las posiciones germanas sin que nadie les disparara, no sabemos si por respetar las reglas del juego limpio y no disparar a un enemigo desarmado o por el desconcierto de ver a un grupo de “locos” corriendo en calzoncillos delante de las ametralladoras.

Otro caso de la imaginación y el humor como armas frente a la opresión lo encontramos en Dinamarca. Los alemanes invadieron a su vecino del norte el 9 de abril de 1940. A pesar de rendirse casi de inmediato y no oponer resistencia militar, la población civil danesa la luchó contra el invasor de las más diversas maneras, entre ellas, la guerra psicológica. Los daneses decidieron ignorar por completo a los alemanes, simulando que no existían para expresar así su rechazo ante su presencia. Vamos, que ni les hablaban ni les miraban; “les fustigaban con el látigo de su indiferencia”. No obstante, un soldado alemán que montaba guardia en una garita advirtió sorprendido que los paisanos y paisanas que pasaban por delante de él le miraban y le sonreían. “Por fin han admitido nuestra presencia, debió pensar”, sin saber que en la parte exterior de su garita, que cubría al soldado hasta el pecho, un “bromista” había puesto un cartel que decía “no llevo pantalones”.

Lo ridículo y lo inverosímil aparecen a menudo en situaciones desesperadas. Durante el ataque final a la capital alemana, el 25 de abril de 1945 se cortaron las comunicaciones entre el puesto de mando del búnker de la Cancillería y las distintas estaciones de radio, capturadas por los soviéticos. Así, los alemanes estaban “ciegos”, pues no sabían hasta dónde había avanzando el enemigo. Los oficiales alemanes buscaron una solución cuanto menos inaudita: cogieron la guía de teléfonos y comenzaron a llamar a domicilios de distintos sectores de la ciudad; si contestaban en alemán, ese sector se mantenía, si lo hacían en ruso, había caído en manos enemigas. Claro que esto les sirvió sólo hasta que cortaron también las líneas telefónicas…

Durante la caída de Berlín también se demostró una realidad universal: los “abuelos puñeteros”. Sí, sí, esos que se dedican a “inspeccionar” las obras y comentan cómo los jóvenes no tienen ni idea y que las cosas antes sí que se hacían bien, culminando siempre con un “si a mí me dejaran…”. Pues nos situamos en la antesala del asalto final a la capital del Reich. Los berlineses se afanan en la preparación de las defensas de la ciudad. Un grupo de jóvenes están construyendo una barricada cuando un anciano, veterano de la Gran Guerra, se les acerca y les dice que los soviéticos tardarían tan sólo 22 minutos en superarla. Cuando le cuestionan sobre la extrema exactitud de sus cálculos, les respondió: “Fácil, 20 minutos para parar de reirse y 2 para hacerla pedazos”. Jodío viejo…

La imaginación es necesario agudizarla en tiempos de guerra. Así lo hicieron los defensores de Polonia cuando el ejército alemán invadió su país. Para defender algunas ciudades del avance de los tanques, minaron algunas calles. Sin embargo, pronto se les acabaron los explosivos, por lo que optaron simplemente por poner un cartel en polaco diciendo “Cuidado, calle minada”. Los alemanes, por si acaso, se lo creían y evitaban pasar por ahí.

Y hablando de imaginación, supongo que todos habréis jugado alguna vez al “teléfono roto”. Tampoco creo que a nadie se le escape que a menudo la información periodística, y más en este país, parece el resultado de este juego más que una recreación veraz de la realidad. Pues veamos cómo eso no es algo ni particularmente español ni propio únicamente de la España de la LOGSE. Durante la II Guerra Mundial la isla de Ascensión, colonia británica en medio del Océano Atlántico, se erigió en un punto vital para las comunicaciones entre África y el continente americano. El aeropuerto isleño se llamaba “Campo golondrina”, debido a las grandes bandadas de estos pájaros que había en los alrededores. La presencia de estas aves suponía un riesgo para los aviadores aliados, por la posibilidad de que provocasen un accidente. Así, se intentó por varios medios acabar con la presencia de estos pájaros en las inmediaciones de la base (por cierto, que finalmente se consiguió acudiendo a un ornitólogo que simplemente lo que hizo fue cambiar los nidos de lugar). Una de estos ensayos para acabar con su peligrosa presencia nos demuestra lo difícil que es tomarse en serio las noticias que leemos. Periódicos británicos y norteamericanos informaron que los Aliados iban a usar un cargamento de centenares de gatos para acabar con las golondrinas. Si ya la idea de acabar con las golondrinas con gatos es bastante peregrina y la imagen de centenares de gatos persiguiendo pájaros por una base militar bastante humorística, algunos de los periódicos en los que apareció la noticia la ampliaron a los pocos días con informaciones absurdas. Se aseguraba que los gatos tuvieron que enfrentarse al intentar cumplir su misión con un enemigo inesperado: los pingüinos que vivían en la isla, que por lo visto no le hacía ascos a la carne de gato y se los querían comer. Hala, imaginaos a miles de pingüinos corriendo (si a eso se le puede llamar correr) detrás de cientos de gatos. ¿Qué había pasado? En el caso del “desembarco de gatos” la explicación parece clara. Un periodista poco espabilado había escuchado que iban a llegar a la isla “cats”, pero estos “cats” no eran “gatos” sino la abreviatura con la que los militares designaban a los Caterpillar Tractors, es decir, tractores o tanques oruga. Se conoce que escuchó lo de los gatos, y como sabía del problema con las golondrinas, sacó sus propias (y extañas) conclusiones. En cuanto a lo de los pingüinos asesinos de gatos la explicación… no existe, fruto de la imaginación y la falta de rigor (y de sentido común) de algún informador que algunos periódicos consideraron atractiva. Ya sabéis esa máxima de que la realidad no te estropee una buena noticia…

Terminamos con mi admirado Winston Churchill y sus anécdotas “apócrifas”. Durante los bombardeos alemanes a los que se vio sometido Londres, el ayudante de cámara del Primer Ministro intentaba convencer a éste para que renunciara a dar sus paseos diarios, que consideraba demasiado peligrosos. Churchill, por supuesto, no hacía ni caso, y solía caminar a cielo abierto a pesar del peligro que esto entrañaba. Su fiel criado llegó a esconderle los zapatos para que no saliera, ante lo que el viejo fumador de habanos, harto de la actitud de su sirviente, le espetó: “quiero aclararle que de niño mi niñera jamás pudo evitar que saliera a dar un paseo por Green Park cuando me apetecía, y de adulto no va a hacerlo Adolf Hitler… que es bastante más feo”.
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