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Parece que se está en el buen camino para alcanzar el “pacto educativo”. Buena noticia. Lo que de él salga miedo me da, pero tampoco seamos así y confiemos en nuestros políticos, por más que no nos hayan dado motivos para hacerlo. El ministro de Educación, al que he criticado en varias ocasiones, en este caso merece un aplauso por poner en marcha esta iniciativa, a ver si de una vez por todas conseguimos una ley educativa realista y útil, y dejamos de utilizar la educación como arma política. Esperanzas de éxito tengo pocas, pero bueno, démosles el beneficio de la duda.
iempre se haya utilizado para ambos progenitores, perdón, para el progenitor y la progenitora). Vemos como éstos grupos se quejan de que no se les consulta, lo que puedo entender en el caso de la CEAPA, IU, y el sindicato STES, pero por aquí aparecen de nuevo unos viejos conocidos míos, los del Sindicato de Estudiantes. Esta asociación es un claro ejemplo de las miles de sociedades paniaguadas por las administraciones públicas, de nula representatividad y utilizadas por algunos partidos como arma política cuando les interesa. De momento lo de sindicato de estudiantes es una contradictio in adjecto, y segundo, por lo que reclaman, cuándo lo hacen, y sus medios de actuación, deberían cambiar su nombre por el de Sindicato de Malos Estudiantes, ya que jamás han hecho ninguna propuesta para mejorar la calidad de la educación más allá de la demagógica y vacía “apuesta por la educación pública y de calidad”. Y los de Europa Laica, a saber quiénes son. Supongo que el gobierno les tendría que consultar igual que tendría que hacerlo con la Asociación para la Defensa y Conservación de la Salamandra Mexicana o la Chirigota “Los Pelendengues”.
Posteriormente, este señor vuelve sobre una de las imbecilidades establecidas como verdad absoluta desde hace tiempo en el sistema educativo. De momento, él tiene la solución a los problemas de la educación: “En muchos institutos, la secundaria se sigue dando como en el siglo XIX, con un profesor que suelta el rollo y dice: Pasado mañana, examen”. Venga, vale. Es lo que tiene el siglo XIX, que nos vale para criticarlo todo. Dudo mucho de que este señor sepa cómo era la educación en el siglo XIX, y de si sabe algo sobre la historia de ese siglo (si conoce la historia decimonónica le puedo asegurar que es porque estudió en otros tiempos, y no ahora). Pero vamos, que la crítica “es como en el siglo XIX” es bastante boba. La de cosas que se hacen como en el siglo XIX, y son muy adecuadas… y la de cosas que se hacían mejor hace dos siglos (cocinar, escribir, convivir, y más…). Es que los del XIX eran gilipollas o qué. Seguramente dentro de unos años digan, “lo hacen como a principios del XXI”, y ahí sí que tendrán razón, porque más estupideces por hora no se pueden decir. La verdadera ventaja de la educación actual con respecto al pasado es que el derecho a ella (otra cosa es que se ejerza) es universal. Además, ¿a qué se refiere con que es como en el XIX? ¿Sólo a lo del “rollo”, no? Porque que yo sepa no utilizamos “castigos físicos”, ni ponemos orejas de burro a los alumnos, ni los ponemos con los brazos en cruz (con perdón), ni nada de eso, pero vamos, que si se puede avisen, que ganas no faltan.
as académicas, sociales, materiales y económicas que gracias a organizaciones como la CEAPA o el Sindicato de Estudiantes (jejeje) no existen porque son “excluyentes” y “discriminatorias”. Vosotros sí que sois discriminatorios y excluyentes… con el sentido común, vividores del cuento cierrabares y chupasubvenciones por la patilla. Pero no, en este país los recursos se (mal)gastan en los que nada quieren hacer, mientras que los buenos estudiantes se debaten entre la indiferencia de las administraciones, el rechazo de sus compañeros y la impotencia del profesorado. Reconozco por tanto que un buen estudiante en la actualidad tiene muchisísisisimo más mérito que antaño, porque prácticamente lo hace “por amor al arte”, o porque es tonto, con perdón, si cree que su esfuerzo le va a suponer algún tipo de compensación aparte de la satisfacción personal, al menos en la etapa educativa obligatoria. Pero vamos, no seré yo quien los desanime, pues esa satisfacción personal es bastante más valiosa que la aceptación de mediocres e incompetentes como los perpetradores de nuestro sistema educativo y sus mamporreros.
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La semana pasada estuvimos de visita en el Sacro Convento-Castillo de Calatrava La Nueva, término municipal de Aldea del Rey y al lado de Calzada de Calatrava. La verdad es que tiene delito que tamaño monumento sea prácticamente desconocido para los que lo tienen al lado, y nuestra intención es institucionalizar una visita anual desde el instituto para que todos los jóvenes de las dos poblaciones contiguas lo conozcan. Es un lugar bastante familiar para mí, ya que trabajé allí durante seis meses en el año 2001 como técnico en arqueología. Por supuesto, invito a todo el mundo a visitar este maravilloso lugar, de intenso disfrute tanto para buenos conocedores de la historia como para profanos en la materia. A él dedicaré un futuro segundo capítulo de este artículo.
mo de carácter monástico y la pericia a la hora de luchar han sido elementos que a menudo se han armonizado en la historia (los guerreros shaolin chinos, los yamabushi o guerreros de la montaña japoneses, los murabits que habitaban los ribats musulmanes…), con lo que la existencia de una figura análoga dentro del cristianismo tampoco debería sorprendernos. Así, estos monjes-guerreros se originaron y desarrollaron dentro de las instituciones conocidas como órdenes militares, y podríamos situar su época de desarrollo y apogeo en los siglos XII y XIII, continuando su existencia de manera más residual cuanto más avanzaban los siglos e incluso encontrando algunas órdenes que aún subsisten hoy en día, casi de manera testimonial y nominal puesto que han perdido en su totalidad la forma y significado de antaño, y se mantienen por el empeño de, y que me perdonen si les molesta el adjetivo, algunos “frikis” de la historia y de un pasado que jamás volverá.
idad, pobreza y obediencia y respetaban una regla monacal, generalmente la de San Benito; pero a ello sumaban el oficio de las armas y la misión de cruzada frente al infiel. En el origen de las Órdenes Militares estaría la unión de varios de los elementos más característicos de la época en que se sitúan (ss. XII-XIII, como se ha dicho), tanto ideológicos (el ideal caballeresco, el respeto a la regla monástica, la importancia de las peregrinaciones) como políticos (la cruzada en todos sus aspectos, tanto de recuperación de Tierra Santa como de extensión del Papado romano) y socio-económicos (control de la población campesina, mantenimiento del orden, asistencia y protección de los más necesitados y ampliación de tierras para su explotación).

Leyendo la semana pasada la revista XL Semanal, en la que me encuentro cada siete días con el artículo de mi admirado Arturo Pérez-Reverte, me llamó la atención el título de uno de los demás artículos que contiene la revista. Es en las últimas páginas donde suele publicar Carmen Posadas, y la verdad es que tampoco es que la haga mucho caso, porque hasta ahora no me habían llamado demasiado la atención sus escritos. Hay autores en esa revista a los que ni leo, como a Juan Manuel de Prada, porque ni lo que dice ni cómo lo dice me interesa lo más mínimo. Mis citas semanales en cuanto a columnas de opinión suelen ser la de Pérez Reverte, y la de un articulista que destila incorrección política y mala baba llamado “Eneuve” en la última página de la revista Osaca (va con La Tribuna los domingos). A veces me paro en las de Carlos Herrera en esta XL, o las de Alsina o Punset en Osaca (como véis son las dos que leo gracias a que mi padre se gasta el dinero y me las “dona”), pero hasta ahora no me había parado en exceso en los escritos de Posadas, que por cierto también escribe de cuestiones deportivas en el Marca un día por semana, convirtiéndose en una rara avis (mujer y del mundo de la cultura escribiendo de deportes). Ya me estoy enrollando. A lo que iba. Ese titular que reclamó mi atención era la acertada expresión de un pensamiento que me ronda desde hace tiempo pero al que era incapaz de bautizar. “El pensamiento en pack”, se llamaba el artículo.
"Lo que quiero decir es que vivimos unos tiempos en los que parece que lo que impera es el pensamiento en pack. Si soy de izquierdas, tengo que estar, necesariamente, a favor del aborto, de la ley de memoria histórica, de la retirada de los crucifijos de las escuelas, de la causa saharaui, de la legalización de los inmigrantes y de la prohibición de la fiesta de los toros. Si soy de derechas, además de estar en contra de todo lo que acabo de mencionar, he de apoyar a muerte a los internautas que abogan por las descargas ilegales y estar a favor de endurecer las penas para menores que cometan delitos, por ejemplo. ¿Por qué? ¿No puedo acaso ser de izquierdas y amar la fiesta de los toros? ¿No es compatible ser progre y a la vez estar en contra del aborto? ¿Y qué tiene de raro estar de acuerdo con la legalización de los inmigrantes, pero no con la ley de memoria histórica?"
De nuevo hago referencia a otra obra literaria, en este caso La Fundación de Buero Vallejo, de la que hace poco hablé a mis alumnos. Como sabéis, plantea la dicotomía entre vivir feliz en la mentira, o estar abierto a la verdad por incómoda que nos parezca. La mayoría de mis alumnos, por cierto, declararon preferir la primera opción, por triste que parezca que a su edad (16-17 años) les hayan arrancado hasta el espíritu de lucha y la capacidad de soñar con un mundo mejor y más justo. No sé si hay alguien que “mueve los hilos” y el proceso de embotamiento y narcotización de la sociedad es premeditado y está dirigido por alguien, pero, si así fuera, está haciendo un buen trabajo. Desde luego, me temo que, a diferencia de lo que ocurre en la obra, el proceso actual discurre más hacia la ensoñación esclavizadora que hacia la emancipación mental del individuo.
En esta humilde ojeada a algunos errores y mentiras históricas que la propia enseñanza de la historia ha contribuido a propagar nos centraremos en cuestiones a menudo nimias, anecdóticas, puesto que para desvelar las grandes mentiras de la historia, que a menudo me pregunto si toda ella no es una gran mentira, ya están los teóricos de la gran conspiración. Por tanto, es más cuestión de pasar el rato que de descubrir una gran estafa a nivel mundial. No es menos cierto, sin embargo, que nos permitirá comprobar lo fácil que es colar la falacia y la difamación en el discurso histórico, lo cual nos recuerda lo importante de estar alerta ante cualquier información, ya sea histórica, periodística o incluso científica. Como digo a mis alumnos, a los que subrayo la importancia de desarrollar la capacidad crítica: “no os fiéis nunca de lo que nadie es diga o cuente sin comprobar antes el rigor y la verosimilitud de aquello que os cuenta… y del que menos tenéis que fiaros es de mí”.
bién. Los magos siguieron la estrella hasta Belén, entraron en casa del niño, le hicieron sus tres regalos (oro, incienso y mirra) y, avisados por un ángel de las aviesas intenciones de Herodes, volvieron a su tierra sin avisar al taimado rey. ¿De dónde sale lo de tres? Pues parece que debido al número de regalos. Tres regalos, tres sabios. Al menos esto fue así desde el siglo IV. Hay tradiciones, por ejemplo la armenia, donde los sabios/magos, son doce. Y lo de reyes, pues tampoco es seguro. Lo normal sería relacionarlos con la astronomía, pues al fin y al cabo seguían a una estrella, y así hacen los exegetas más rigurosos. Dotarlos de condición real es cosa de la tradición, y se hizo para ajustar la historia con la profecía del salmo 72 de Salomón, donde se dice que al rey de los judíos los reyes de tres naciones traerán tributos (Tarsis, Seba y Sabá) y ante él se postrarán. Pudo ser San Cesáreo de Arlés, en el siglo VI, el primero en “coronarles”. Y no digamos ya lo de los nombres (aparecen “bautizados” ya en inscripciones del siglo VI y son nombrados y descritos por Beda el Venerable, en el siglo VIII, que además contribuye a que se los represente conforme a las tres edades de la vida: Melchor el anciano, Gaspar el adulto y Baltasar el joven), y lo del rey negro, que es la parte más “moderna” de la tradición (a partir del XIV, cuando se identifica a cada uno de los reyes con las tres razas humanas que se conocían: europeos, asiáticos y africanos). Vamos, que esto de los reyes magos se merece un artículo aparte.

